Nadie podía tocarlo, nadie siquiera podía entenderlo, solamente el abuelo y estaba enseñando este arte al papá de Tari
Así había sido desde tiempos inmemoriales, cuando bajaron los apus de las montañas y enseñaron este arte a los lugareños
La familia de Tari era la encargada de tan importante misión, se transmitía de padre al primer hijo varón, y así lo estaba haciendo su abuelo, luego lo haría su padre, luego su hermano mayor
En el fondo Tari estaba triste por no ser primogénito, pero cuando veía a su hermano pasar días y noches enteras tratando de entender los nudos y colores, a veces, muchas veces, con lágrimas en los ojos, entonces agradecía a los apus el que lo hayan liberado de este beneficio
Pero a veces, muchas veces, cuando no estaba su papatni su hermano en la casa, se acercaba al abuelo, y le pedía tocar las cuentas, solo por curiosidad
El abuelo gustaba de Tari, lo consentía, lo mimaba de vez en cuando, y le dejaba incluso tocar algunos nudos
"En esta linea se cuenta la historia de los primeros pobladores, entre los cuales estaban los abuelos de los abuelos de los abuelos y así quince veces quince de mis abuelos. Llegaron persiguiendo algunos animales
Sabes? Estaban ya muy cansados, el frío y el camino largo los tenía agotados
Hace buen tiempo que se acabaron las grandes bestias, hace muchas lunas que habían cazado quizá a la última. Era tiempo de descansar y asentarse
Y así, el abuelo le contaba historias de los cazadores, de las primeras plantas y de los cultivos, de cómo les pareció muy agradable el lugar, sobre todo porque nunca hacía frío, y de como encontraron este arroyo, y el gran río, de dónde regresaron sabiendo que esté era su lugar
Y así se pasaban tardes enteras, abuelo y nieto, perdidos en la magia de recuerdos que parecen sueños irreales, pero que te atrapan, sobre todo cuando las llamas danzan en el fogón, el olor a las papas recién cocinadas aviva el hambre, las aves nocturnas cantan y las estrellas en el firmamento empiezan a jugar
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