viernes, 12 de diciembre de 2025

Poema 2423

A Chaska el frío no le hacía mucha mella, al contrario, parecía sentirse bien cuando Urpi de congelaba y sus dientes castañeaban chocando unos contra otros. En esos momentos la abrazaba y le cantaba las canciones de su mama en su natal terruño, allá en lo alto de la puna, dónde el agua brota directamente de la cumbre helada, en donde solamente crece el ichu y puedes sembrar únicamente algunas papas.

Era la mayor de su casa. Su papá era el jefe de la comarca por elección de los demás, ya que el anterior había muerto peleando contra los ejércitos de los incas que estaban en plena conquista. Fue su papá quien tuvo que arrodillarse frente al conquistador, agachando la cabeza. El Inca hizo que se pusiera de pie, le dijo que eran hermanos, lo abrazó y le dijo que se casaria con su hija mayor o su hermana. Al ver que Chaska apenas era una niña de 6 años, le dijo que estaría bien para ser de las seleccionadas, así que tomó a la hermana de su papá como esposa y se fué, con toda su comitiva.

La guerra había durado mucho tiempo. La comarca se había mudado varias veces, ya no tenían ni llamas ni guanacos, solamente papa. Chaska caminaba a duras penas, comían una papa al día, y eso hizo que se quedara pequeña, delgada y que su cabellera se hiciera rojiza.

Su piel se puso oscura por el sol de la puna, pero sus ojos marrones oscuros parecían de puma o de jaguar, miraba con una profundidad que atemorizaba a los demás. Su mamá se pasó noches enteras llorando cuando se enteró que se la llevarían, ella también, perdió el poco apetito que tenía y había decidido dejarse morir de hambre para no tener que dejar sola a su mamá con sus hermanitos... 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario