Mi abuelo no necesitaba mucho para alzar vuelo y perderse entre la luces y sombras de la montaña. A veces caminaba entre las rocas, o se deslizaba entre las nieves y las nubes, o simplemente era la bruma en la espuma de una cascada. Apenas podía seguirle el paso.
Me contó una historia mágica, de una amistad sin igual con su amigo, el tunche de la selva, con quién pasó muchas lunas compartiendo aventuras que no alcanzaría mil días para contarlas todas. Aprendieron uno del otro, también de sus respectivos abuelos y de sus ancestros. A veces tuvieron que huir de peligros inminentes, ayudándose mutuamente.
Y, en algunas ocasiones, habían encontrado a los espíritus ancestrales que venían en su ayuda, solamente en ocasiones muy especiales.
Tari recordaba todo ésto sonriendo, pensativo, sobre todo lo siguiente:
Mi abuelo me dijo una frase que nunca podría olvidar: Siempre habrá "alguien" que te ayudará con "algo". No lo olvides nunca, estas palabras podrían ser la diferencia entre sobrevivir o morir sin más ...
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