viernes, 19 de diciembre de 2025

Poema 2458

La despedida fue amable y silenciosa, el camino fácil y ligero. Iba cantando también, tratando de recordar lo poco que entendió de lo que le había dicho Shiram. Es cierto, tenía un idioma muy diferente al de los suyos, pero pudieron entenderse con una mirada de cazador a cazador, de adolescente a adolescente, de niño a niño.

Antes de partir, compartieron sus provisiones. Carne seca por pescado seco, cancha por fariña. A Tari le causó una sensación extraña la comida de Shiram, y lo mismo le pasó a este último. Ambos hicieron gestos extraños al comer, luego rieron divertidos, guardaron lo que les sobró y marcharon cada quien en dirección de su hogar.

Al llegar al claro dónde había dejado los atados de leña encontró a su abuelo al lado de dos medianos. Lo miró con calma, lo atrajo hacia él y lo abrazó en silencio. Mamá y papá están muy preocupados, pero les dije que estabas bien. Me creyeron, luego hemos venido hasta aquí y se llevaron cada uno su atado de leña. Me alegra que estés bien

Y, sin decir más, alzó su paquete y empezó a caminar. Tari hizo lo suyo y caminaba en silencio detrás del abuelo, hasta que llegaron al lugar donde deben reposar un momento 

El abuelo rompió el silencio 
Entonces, encontraste al tunche, le dijo

No era una pregunta, era una afirmación. Y era una orden para que de detalles del encuentro 

Tari empezó a contar: se llama Shiram...

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