jueves, 18 de diciembre de 2025

Poema 2454

La calma volvió a la selva. Los insectos y las aves nocturnas volvieron a cantar, las hadas y duendes salieron de sus escondites y nuevamente danzaban sin cesar, haciendo caer las últimas gotas de las hojas, recuerdos de una lluvia que no hace mucho gobernaba el espacio y el tiempo.

Tiempo. Tari sabía que no tenía mucho tiempo, que en el momento menos esperado esa figura al acecho se deslizaría sin hacer ningún ruido y se abalanzaría sobre él. La única ventaja que tenía era la altura, pero no su tumi ni su vara sería contrincante de una flecha o una corbatana. Trataba de controlar su respiración, sus latidos, guardar el máximo de energía. Había escuchado de los cazadores de la jungla, y sabía que sus posibilidades eran mínimas, pero daría pelea, no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.

Las horas pasaron lenta y dolorosamente. Hasta que sucedió. El cazador levantó su vara en forma imperceptible y la dirigió hacia Tari. El movimiento estaba calculado, no hizo ningún ruido, hasta que... El dardo llegó a su objetivo y un gran ruido despertó a toda la jungla con un sonido seco al golpear el suelo mojado bajo el árbol...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario