La juventud es intrépida, no median las consecuencias. Tomaban las cumbres más elevadas sin preocupaciones. En estos parajes los sonidos son diferentes, pero las melodías embrujan, te retan, te invitan a una nueva aventura.
Volar en los amplios valles, sentir el viento y la lluvia, sentir el sol en la cara. Deslizarse por las quebradas, encontrando las ninfas en los manantiales, los espíritus escondidos en un cactus o una cueva apenas visible, o en esas gotas que se desprenden tercas de los tempanos y estalactitas, sin saber que son el motor de toda la vida. O quizá sí lo saben, y ese es su secreto mejor guardado.
Deslizarse entre el mar de florecillas multicolores, que brotan entre cardos y rocas, sentir una espina que defiende con valentía a su flor adorada. Y seguir silenciosos tras los dueños de la montaña, tratando de no alterar nada del perfecto balance...
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