domingo, 21 de diciembre de 2025

Poema 2467

A su vez Tari le mostraba el inclemente frío de la puna. Las nieves eternas cuidaban a los Apus más elevados. El terreno era hostil y abrupto, y el aire era más escaso, costaba respirar, mucho, mucho.

La juventud es intrépida, no median las consecuencias. Tomaban las cumbres más elevadas sin preocupaciones. En estos parajes los sonidos son diferentes, pero las melodías embrujan, te retan, te invitan a una nueva aventura. 

Volar en los amplios valles, sentir el viento y la lluvia, sentir el sol en la cara. Deslizarse por las quebradas, encontrando las ninfas en los manantiales, los espíritus escondidos en un cactus o una cueva apenas visible, o en esas gotas que se desprenden tercas de los tempanos y estalactitas, sin saber que son el motor de toda la vida. O quizá sí lo saben, y ese es su secreto mejor guardado.

Deslizarse entre el mar de florecillas multicolores, que brotan entre cardos y rocas, sentir una espina que defiende con valentía a su flor adorada. Y seguir silenciosos tras los dueños de la montaña, tratando de no alterar nada del perfecto balance...

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