viernes, 19 de diciembre de 2025

Poema 2457

El bosque está vivo.
Cada madero, cada leño, cad hoja de estos milenarios árboles tiene una historia que contar.
Una avecillas que aprendió a volar, o que en su intentó cayó y fue devorada por mil insectos, los cuales agradecieron a los cielos por el festín.

Un arácnido festejando su primera cacería exitosa, engullendo al insecto que no entiende las razones de no poder moverse. Un pequeño mamífero que, paralizado por mortal veneno, es engullido mientras aún puede ver la luz del sol, o de la luna y las estrellas.

Un pez que acaba de desovar y es engullido por otro más enorme que, a su vez, es devorado por un caimán. El eterno juego de la vida y la muerte, esa danza frenética de idas y venidas, de alegrías y tristezas. El bosque sigue ahí, por milenios, incluso los humanos que ahí viven lo escuchan y han logrado la armonía con el bosque ancestral 

Tari y Shiram están sentados en silencio en la cima del majestuoso árbol, sienten el aire frío que despide la noche y dan la bienvenida al majestuoso sol que acaba de nacer...

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