Primero fue en la jungla, entre la maleza y los rios, los insectos y las flores, la humedad y los olores. Buscar en una rama, en una corteza o en el fango, cualquier lugar siempre era una oportunidad y la diferencia entre la vida y la muerte si podías encontrar algo. O si sabías siquiera lo que andabas buscando.
Los cantos de los viejos troncos, los lamentos de las cascadas y las risas de las piedrecillas, las nubes jugando entre la brisa, las gotas que protestan y se divierten. La naturaleza está viva, el alma del bosque nutre a su gemelo. Shiram es el gemelo escogido, es el que camina sin tocar las hojas del suelo, el que escucha en el silencio y el que entra y sale del agua como si fuera su casa.
Aún están en formación, pero está parte del aprendizaje les corresponde solamente a ellos, tal como lo hicieron sus abuelos en su tiempo. El evento se da saltando a una generación, es inevitable, imparable. La selva es una gran maestra, te enseña que hay alegría y tristeza en esta vida, así como está el sol y la luna, la noche y el día. Y el ciclo de la vida nadie lo detiene. Ese es el principio de todo, y también su final absoluto...
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