jueves, 18 de diciembre de 2025

Poema 2453

Empezó a modular su respiración y hacerla imperceptible. Tranquilizó a su corazón, que de inicio palpitaba con violencia, hasta que se hizo lento y suave. Cerró los ojos.
En las penumbras de la noche, entre la maleza que está secando lentamente, Tari pudo percibir un sonido insignificante pero inconfundible, a pesar de que el olor que venía de esa dirección era de barro y plumas, sabía que era un cazador diestro el que lo estaba observando.

Pudo ver sus ojos, luego descubrió su silueta y sus armas. Estaba muy tranquilo, confiado, sabía de su ventaja, por lo menos eso creía. Tari esperó. Buscó por todos lados sin hacer ningún movimiento. Silencio total y absoluto. La selva estaba esperando el enfrentamiento de un cazador notable y su presa.

Está solo. Pensó Tari. Me ha visto y está al acecho. Está armado y puede salir corriendo en múltiples direcciones. Yo solo puedo ir hacia abajo. Nunca llegaría. Pero, por qué no me ataca aún?

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