viernes, 19 de diciembre de 2025

Poema 2460

Tari miraba al abuelo con la boca abierta, sorprendido, asustado, sin saber que decir o hacer. Su mente volaba a mil por hora, enlazando ideas e imágenes, palabras, frases, hechos, y un temor visceral que se iba haciendo cada vez mayor mientras miraba al hombre viejo como masticaba con placer, disfrutando de la fariña y el pez seco.

Será él? Quizá solamente me dejó vivir para llegar hasta mi aldea y capturar a mi familia entera? Tantas historias le habían contado que, ya no solo había temor en su corazón, sino un terror que iba congelando lentamente sus pies.

Tomó valor, alargó la mano y tocó suavemente al abuelo en el hombro mientras preguntaba: Shi..ram?

El abuelo lo miró por unos segundos en silencio, luego empezó a reír con una carcajada tan sonora y enorme que despertó a todos los Apus de las montañas. El ruido fue tan intenso que muchos animales y aves salieron disparados de sus escondites y madrigueras y se dispersaron por la montaña.

Puso una mano sobre el hombro de Tari, y, con la misma voz del abuelo cariñoso de toda la vida, le dijo:

La misma pregunta le hice a mi abuelo en una situación similar. No, no soy el tunche, aunque me hubiese gustado serlo. Y no, el tunche no es solo esa maldad de los cuentos que nos cuentan, el tunche es mucho más, y ahora, ya es tiempo de que lo sepas...

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