jueves, 18 de diciembre de 2025

Poema 2452

La luz de la luna espantó los espectros que vagaban entre las sombras y malezas, que acechaban y danzaban al ritmo de las gotas cantarinas que saltaban de hoja en hoja, de leño en leño, de flor en flor.
La tenue luz blanquecina dibujó las siluetas de los árboles, descubriendo, para sorpresa de Tari, algunas flores que parecían florecer en plena noche.

El suelo mojado reflejaba parcialmente la luz de luna y algunas estrellas. Le pareció incluso notar uno que otro arcoiris. Estaba soñando? Tari se frotó los ojos, aspiró el aire con violencia, movió brazos y piernas, vigilando las amarras y el tumi en la mano. Estaba despierto, solamente la imagen de la naturaleza viva en una noche de luna después de la lluvia era de fantasía.

Los olores cambiaron, aparecieron muchos sonidos, sobre todo de insectos y depredadores furtivos. Sin moverse demasiado empezó a identificar a los cazadores, y a sus presas. Era un observador de piedra, implacable, imparcial. Pudo ver a los cazadores en su majestuosidad plena, y a las presas no entendiendo su final. 

Hasta que se sintió observado. Se puso en tensión absoluta, el peligro era de un olor intenso y agridulce a la vez...

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