Sabía que era algo importante, aunque su mamá se entristecía cuando recordaba esto, y le cantaba canciones en su lengua antigua mientras peinaba su cabellera frondosa y negra
Aprendió el idioma de su mamá, sentía que tenía una música especial y una forma diferente de expresar la vida
En su idioma las plantas tenían alma, y el bosque tenía una protectora, conocida como la gran madre sabia, un espíritu eterno que cuidaba de todos
Y le enseñó a confeccionar lindos adornos, y los secretos de muchas hierbas del bosque, que pueden ser venenos o pociones, y otros que pueden ser alimento o matarte en el acto
Y también aprendió de los apus, de los cerros sagrados, sobre todo de esos lugares tan fríos que a ella no le gustaban, no entendía por qué
Y de la forma como preparar la papa, la oca y tejer la lana, y de pintarla, y trenzarla, y hacer la jora y preparar chicha
Aún era una niña, y ya sabía tantas cosas que se preguntaba si luego de aprender todo quedaría algo más que aprender. Y estaba Tari, ese mocoso insolente, que la miraba de manera extraña, aunque por alguna razón le gustaba, y también le gustaba participar en sus andanzas cuando iban hacia la selva
Cuando trepaba las cumbres detrás de los guanacos y llamas, entonces ahí no lo acompañaba, hacía mucho frío allá arriba
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