jueves, 18 de diciembre de 2025

Poema 2451

Las gotas de la lluvia danzaban en su frente, se deslizaban lentamente por los cabellos, luego por el rostro, los brazos y el cuerpo, para continuar su alegre recorrido hasta el fértil suelo. Llevaban en si el aliento de l vida, la fuerza primigenia que despertaba a los espíritus del bosque y que hacían germinar las semillas y tallos, hacían que los animales todos sigan ese ciclo infinito de vida y muerte.

Agradeció la lluvia, por todo lo que ella significa. En su comarca las lluvias eran intensas, aunque para los cultivos no dependían de ellas, ya que siempre tenían agua que descendía por las laderas directo de los Apus en la cima de las montañas heladas. La lluvia siempre significaba vida, alegría. Además, en este momento tan complicado para él, la lluvia le servía de protección. Tari recordó que muy pocos cazadores continúan con su tarea bajo la lluvia, la mayoría tiende a guarecerse y esperar.

Agudizó los sentidos al extremo, tenía que vencer al cansancio y al sueño, si quería sobrevivir sin problemas. Solo se movía para no adormecer los músculos, pero esos movimientos estaban tan calculados y entrenados que eran imperceptibles y más silenciosos que una gota cayendo del borde de una hoja.

Repentinamente la lluvia cesó, las nubes se separaron y dieron paso a un océano de estrellas allá arriba, cambiaron los olores, más aún cuando apareció la luna...

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