La sacerdotisa regresó con Urpi y Chaska al Aclla Huasi, con una mirada de aprobación y satisfacción para las dos amigas. Eran lo mejor que había llegado a este lugar desde hace mucho tiempo
Las amigas iban de la mano, repitiendo en baja voz los nombres, los colores, las formas, todo lo que habían hecho.
Era necesario no olvidar, uno nunca sabe cuándo será necesario recordar
El cansancio y agotamiento las vencía, poco a poco iban cerrando los ojos, ya no trataban de luchar, ya no querían luchar, ya solamente querían llegar a sus camas
Durmieron dos días completos, nadie osó despertarlas, ya que la Coya, hermana y esposa del Inca, estaba al lado de ellas, velando sus sueños
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