sábado, 6 de diciembre de 2025

Poema 2393

Al llegar a la desvencijada choza nos recibió una niña con rostro achinado
Que no hablaba bien y que siempre sonreía y sacaba la lengua 

Y al entrar a la choza encontré una mujer muy envejecida, con llagas
En las piernas, que tosia sangre 
Estaba muriendo

Al verme se puso a llorar
Me dijo mi nombre y se puso de nuevo a llorar

Después de buen rato la reconocí 
Era mi hermanita, la que había desaparecido 
Junto a mi mamá cuando mataron a mi papá 

Me contó lo que pudo de su vida
La cuidé, gasté todo lo que tenía en ella
Pero ella me decía que no valía la pena
El SIDA no se cura, y que lamentaba que sea así 

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