Que no hablaba bien y que siempre sonreía y sacaba la lengua
Y al entrar a la choza encontré una mujer muy envejecida, con llagas
En las piernas, que tosia sangre
Estaba muriendo
Al verme se puso a llorar
Me dijo mi nombre y se puso de nuevo a llorar
Después de buen rato la reconocí
Era mi hermanita, la que había desaparecido
Junto a mi mamá cuando mataron a mi papá
Me contó lo que pudo de su vida
La cuidé, gasté todo lo que tenía en ella
Pero ella me decía que no valía la pena
El SIDA no se cura, y que lamentaba que sea así
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