miércoles, 31 de diciembre de 2025
martes, 30 de diciembre de 2025
lunes, 29 de diciembre de 2025
domingo, 28 de diciembre de 2025
Poema 2503
La caravana se movía más lentamente en las arenas que arden
Las pobres bestias de carga apenas podían mantener el paso
Urpi iba con la frente en alto, sin hacer caso a los pies con heridas
Ni a la piel que se cocinaba ante el sol implacable
Miraba al horizonte distante, sabía que que su corazón se había quedado el algún lugar distante
Sentía el aire caliente que la ahogaba, pero no protestaba
A menudo las personas y la caravana debían detenerse
No murmuraba, no sé quejaba
En sus ojos estaban los de su amiga allá en la capital del imperio
Que la miraba suplicante: no me dejes
Parecían decir, pedir, suplicar
Tuvo que quejarla, quién te cuidará?
Pobre Chaskalla querida, ahora quien te abrazará en tus pesadillas?
Poema 2502
Cantaba Tari en silencio
Tratando de mantener el ritmo constante
Sin perder de vista el horizonte
Y con todos los sentidos en el paisaje
Los pumas y los cóndores eran sus amigos
Eran sus almas gemelas, sus hermanos de sangre
Se respetaban mutuamente, como el río y la roca, la lluvia y el viento
Siempre estaban acompañando su carrera
Sentía su presencia en cada sombra, en cada nube
Y sabía que también cantaban con él
Por su alma gemela, que era Urpi para el chaski
Poema 2501
Las luces del alba iluminaban la montaña
El aire helado cortaba la piel
El canto de la naturaleza era alterado
Por el rítmico paso del mensajero que iba
Con la mirada fija en el horizonte
Y el corazón en la mano, cantando
Padre mío, Apu sagrado
Tú que vigilas el día y la noche
Y que cobijas los sueños y esperanzas
Soy chaski, de la fuerza de mis pies
Dependen la paz y la guerra
Mis mensajes llevan vida o muerte
Alegrías o penas, esperanza
No dejes que mi alma se rinda
No dejes que mis pies se cansen
No permitas que el sueño o el hambre
Me derroten cuando me necesitan
Padre mío, Apu sagrado
Cuida mis pasos, vigila mi camino
Es mi deber llegar al destino
Y después, si es tu deseo,
Puedes matarme
sábado, 27 de diciembre de 2025
Poema 2500
Tari no lo entendía
Ya había pasado por ese camino varias veces
Y había visto muchas caravanas alejarse
Lentamente y en silencio
Sabía que esa era una ruta especial
Que llevaba hacia un lugar ancestral y sagrado
Donde un dios poderoso
Controlaba la furia de la tierra
Y sabía que los incas lo habían conquistado
No sin mucho esfuerzo, pero nunca
Al pasar por ese lugar había sentido
Esa fuerza tan intensa que tiraba de él
Sintió algo raro en el pecho
Sintió algo raro en todo el cuerpo
Sintió como su piel se erizaba
Y por alguna razón que no entendía
Pensó en Urpi, más que cualquier otro día
Poema 2499
Quién eres veloz chaski?
Por qué mi corazón así late?
De dónde vienes?
A dónde vas?
El aire es agridulce,
Siento algo raro que me marea
No sé qué me ha pasado
Seguimos caminando lentamente
Alejándonos más y más de la gran via
El destino es lejano, muy lejano
Ya casi no hay árboles
Y los riachuelos se secan
Mi corazón late
Raro, muy raro
Mi alma quiere volar
Quiere irse
Aunque mi vida
No me pertenezca
Poema 2498
Estaba cantando así Urpi
Cuando sintió algo raro en el pecho
Y una fuerza imaginaria que le gritaba
E hizo que girara la cabeza en dirección contraria
A la distancia otro chaski corría en dirección contraria
Pasó casi volando sin dejar huella
Solo una estela de polvo y viento
Y un recuerdo en la sierra
Hizo sonar su pututo, señal que se acercaba al tambo
De donde ellos habían salido por la mañana
Ya el sol se ponía, era veloz el muchacho
Pero más veloz era el corazón de Urpi
Se quería salir de su pecho
Y ella no lo entendía
Poema 2497
El clima iba cambiando poco a poco
Y tuvieron que tomar un desvío de la ruta
Al alejarse del camino, Urpi pudo ver a la distancia
Un chaski que rápidamente se alejaba
Pensó en Tari
Y su rostro alegre, cambió a nostalgia
Eres chaski, solamente pies ágiles y tenacidad de una montaña
No te importa si es de día o de noche
Debes llegar a tu destino
Corres por valles y montañas
Subidas y bajadas , sin parar
Sin olvidar, ni mirar atrás
Dónde estás hoy?
Ya creciste? Te hiciste chaski?
Te veré de nuevo?
Dijiste que vendrías a verme
Pero mi corazón sabe que no podrás
Nuestras vidas no son nuestras
Pero quiero soñar
Y soñaré que eres chaski
Y que corres hacia mí sin respirar
Poema 2496
Llegaron a las grandes quebradas
Las cumbres nevadas se veían más y más lejanas
Paraban en los tambos solo para alimento
Casi no descansaban, era la consigna
Urpi disfrutaba de cada día, en su mente se preparaba para cualquier destino
Sabía que su vida no le pertenecía
Sabía que solamente le quedaba obedecer
Ese era su designio
Grandes ríos, torrentosos
Que llevan la vida en su vientre
Y que acompañan a espíritus buenos y no tanto
Dime si has visto mi pueblo
Que habita en las faldas de la montaña
Ya sé que está al otro lado de las nieves
Y sé que desde mi pueblo se ve la selva
Y que no tendrian que haber estado por allá tus aguas
Pero
Quizá si estuviste algún día
Y puedas recordar mi casa
Mis chacras y mis animalitos
Y sobre todo las manos de mi mama
Aguas bulliciosas que van cantando
Canten conmigo
Lleven a mi casa mis palabras
viernes, 26 de diciembre de 2025
Poema 2495
Primero fueron los Andes majestuosos y sus verdes valles fértiles, llenos de vida y de magia.
Urpi iba admirando la creación de la pacha mama, feliz del contacto directo con la naturaleza y los Apus
Apus imponentes y silenciosos
Guardianes de la vida y el camino
No se molesten con mi canto
Mis pies no están cansados, aunque duelen
Mis manos van hilando presurosas
Mi pecho va feliz por el aire
Pero mi corazón está adolorido
Por esa mano amiga que se ha quedado
Y que ahora más que nunca
Necesita de mis abrazos
Y de mi consuelo
No les pido nada para mí
No tengo necesidad de nada
Pero si pudieran, cuiden a mi Chaska
Es una niña crecida, pero
Es muy frágil por dentro
Yo no me quejaré de nada
No pediré nunca nada más de lo que me ha sido dado
Solamente cuiden a esa niña
Que está un poco asustada
Poema 2493
Pachacamac
El nombre sonaba muy lejano, misterioso, irreal. Solo pronunciar ese nombre hacía que las muchachas sientan ese frío inexplicable que recorre la piel ante la presencia de algo monumental y prodigioso.
No entendieron bien la razón, pero Urpi tuvo que partir a Pachacamac con un grupo de sacerdotes y otras muchachas vigiladas por soldados bien armados.
Chaska protestó con vehemencia, pero la autoridad del sacerdote principal no admitía ninguna objeción. Y nadie iba a explicarles las razones por las que Urpi partía a ese templo milenario tan alejado.
Urpi lo aceptó en silencio, con la tranquilidad y serenidad de alguien que sabe no ser el dueño de su propio destino. Lo aceptó con mucho dolor cuando la sacaron de casa, pero ahora ya no. Solamente tenía pena por Chaska, a quien aún veía como esa niña delgada y menudita que lloraba en silencio cuando se encontraron
Ahora quien consolará a mi Chaquichay, quien vigilará sus sueños, quien calmará su llanto?
Así pensaba mientras el camino se hacía más y más pesado
Poema 2492
La noticia corrió como viento de tormenta por toda la ciudad. El sobrino del Inca estaba vivo, la madre también. Ambos en sus respectivos aposentos, bajo los cuidados de los mejores curanderos del imperio
La sacerdotisa regresó con Urpi y Chaska al Aclla Huasi, con una mirada de aprobación y satisfacción para las dos amigas. Eran lo mejor que había llegado a este lugar desde hace mucho tiempo
Las amigas iban de la mano, repitiendo en baja voz los nombres, los colores, las formas, todo lo que habían hecho.
Era necesario no olvidar, uno nunca sabe cuándo será necesario recordar
El cansancio y agotamiento las vencía, poco a poco iban cerrando los ojos, ya no trataban de luchar, ya no querían luchar, ya solamente querían llegar a sus camas
Durmieron dos días completos, nadie osó despertarlas, ya que la Coya, hermana y esposa del Inca, estaba al lado de ellas, velando sus sueños
Poema 2491
Ella misma se lavó las manos, puso mucha agua caliente en varias tinajas, también pidió agua helada, y se dedicó a preparar otra mezcla, cantando, sonriendo, recordando, soñando
Chaska estaba a su lado, haciendo exactamente lo mismo, recordando cada paso que daba, cada gesto
La parturienta estaba dormida, o eso parecía, y, sin previo aviso, despertó dando un grito
Todos se asustaron, Urpi y Chaska sonreian: ya viene, dijeron al unisono
Se acercaron las parteras y vieron con sorpresa que el trabajo de parto se reanudaba, la muchacha tenía nuevo vigor, y las contracciones del vientre iban en aumento
La pusieron de pie, en cuclillas. Un palo sujetado por dos hombres fuertes, de espaldas ambos
Las parteras a los costados, y, cuando la cabeza se estaba mostrando, Urpi le gritó: abre la boca!
Se tendió debajo de sus piernas, y con un tumi afilado que tenía hizo una especie de corte en un lado, entre dos dedos, lo que fué suficiente para que salga el pequeño
Estaba morado, completo, pero las parteras y el curandero sabían sus artes. El llanto del niño calmó a todos, la parturienta fue puesta semisentada para el alumbramiento y Urpi pidió el agua helada
jueves, 25 de diciembre de 2025
Poema 2490
Pasaron la noche en vela, haciendo que la parturienta descanse y despierte por momentos, también le dieron miel en pequeñas porciones, todo según las indicaciones de Urpi
Chaska cantaba mientras hacía todo ésto, abrazaba a la muchacha, le acariciaba los cabellos, le decía que no tema, que todo va a estar bien
Cuando el sol trajo el aire frío de la mañana e iluminó el mundo entero, Urpi apareció como un vendaval por la puerta, con los pies sangrantes, parte de su ropa hecha jirones y una mirada decidida más parecida a una fiera salvaje que a una aclla
Preparen una sopa con carne! Ordenó
Sin mirar a nadie, sin preguntar nada, abrió su lliclla y sacó unas hojas y flores extrañas que amasó en una piedra y mezcló con agua salada y caliente
Esto va a doler un poco, le dijo a la muchacha que apenas despertaba, mientras aplicaba esta mezcla en su barriga. Hizo que tome una buena cantidad de sopa, y luego le ordenó
Duerme ahora un rato, recupera fuerzas, las vas a necesitar
Mientras colocaba un poco de este amasijo de hierbas en sus genitales
Poema 2489
Al llegar Chaska la joven había perdido el conocimiento, tanto las parteras como el curandero estaban tratando de darle calma, frotaban su espalda, sus piernas, trataban de darle algo de agua, pero sus rostros eran de desolación
Habían preparado un brebaje para adormecer los sentidos, para aliviarle el dolor y ya le habían administrado el primer trago.
Chaska tuvo que rogar para que la dejen actuar, muchos rostros molestos, muchas murmuraciones, desaprobación
Qué se ha creído esta mocosa que se fué casi todo el día huyendo y ahora quiere hacer lo que le da la gana
La sacerdotisa principal tuvo que interceder, confiando en que las dos jóvenes sabían algo que ellos no. Asumió toda responsabilidad, y dejaron que Chaska prepare su brebaje y lo empiece a administrar a la embarazada primero a gotitas, luego en más cantidad, poco a poco
Poema 2488
Salieron disparadas del lugar, con dirección hacia el bosque, que se encontraba lejos, muy lejos, pero solo debían llegar a la vertiente, y eran jóvenes y audaces
Se les unieron los guardias del sacerdote, para acompañarlas y cuidarlas, sin entender mucho de lo que pasaba.
No es una sola planta, decía Urpi entre jadeos, son varias y ahora las recuerdo, mi mama me enseñó y me dijo cómo se podían preparar. Hay una que crece en la misma montaña, pero no creo que lleguemos hasta allá, aunque las demás ella me mostró dónde y cómo encontrarlas
La que crece en la montaña se prepara aparte, por eso debes escuchar bien la forma de mezclar todas las demás ya que debes regresar con ellas mientras voy por la última. Que los Apus nos guíen
Y así, entre jadeos y locura, las amigas llegaron a la vertiente y rápidamente fueron recogiendo las hierbas que Urpi identificaba entre las malezas y matorrales. Ora hojas, ora flores o tallos, terminaron rápidamente y Chaska partió al vuelo recitando de memoria la preparación indicada por la amiga
Urpi siguió como alma que lleva el diablo con dirección a la jungla que se avistaba a la distancia
Solo dame fuerzas
Guía mis pasos pacha mama
Padre Inti, no permitas que caiga
Es apenas una niña crecida
Nos necesita
No debo desfallecer
Poema 2487
Urpi recordó algo que su madre le había contado, una hierba que podía ayudar en el proceso del parto, pero no recordaba bien las características ni los detalles, la situación de la joven era terrible, sudaba a mares, gemía, pedía ayuda, pero su voz se iba apagando
A Chaska le bastó una mirada para descifrar la preocupación de Urpi. Se acercó a ella, le tomó las manos y cantó casi en un susurro una canción que cantaba su mamá cuando era muy pequeña
Tranquila, pequeño, tranquila. Le decía a Urpi mientras el resto no entendía nada, más preocupados por la muchacha que estaba sufriendo por el parto que no quería darse
Urpicha, niña pequeña
Deja atrás tus temores
Siente a la pacha mama en tu vientre
Ahí está tu mama
Te abraza, te canta
Te acaricia los cabellos
Y te revela sus secretos
De sus Apus y ancestros
De sus sueños y su vida
Tranquila Urpicha
Tranquila pequeñita
Urpi abrió los ojos y casi gritó: ya lo recuerdo!
Poema 2486
En el corazón del imperio, muy cerca a los lugares sagrados y al palacio del Inca, las amigas inseparables Tari y Chaska, aprenden lentamente todos los secretos del templo.
Principalmente el tejido de hermosas mantas destinadas a la familia real. Era muy importante saber seleccionar la lana de mejor calidad, procesarla, tratarla, fabricar los hilos y empezar el proceso de tejido, con la selección de colores y formas que llevasen un mensaje de divinidad y poder y al mismo tiempo sea agradable a la vista.
Ambas lograron dominar a la perfección estás artes, pero sobre todo, luego del evento con el gran general enfermo, en el templo se percataron sobre el conocimiento de las dos amigas de hierbas medicinales y brebajes, destacando Chaska en este aspecto.
En cierta ocasión les pidieron que acompañaran a la sacerdotisa para atender el parto de la esposa del hermano del inca (que también era hermano de la coya, la esposa del Inca)
Al llegar al lugar descubrieron que la embarazada estaba muy sudorosa y gimiendo en su cama,
Parecia agotada, pálida. Era su primer hijo y ya las parteras habían sentenciado que ambos, madre e hijo, morirían. No había nada que hacer
miércoles, 24 de diciembre de 2025
Poema 2485
Cuando el chaski corre por la puna
Llevando en su bolso y en su mente el mensaje que puede cambiar la historia
Las nubes lo acompañan, los ríos lo empujan, el viento lo eleva
Tari corre cantando, sin sentir dolor ni cansancio, sabe que su misión debe cumplirse y no hay margen de error
A veces tienen que correr en la noche, guiados por la luz de la luna y las estrellas, o solamente por su instinto, cuando los ojos dejan de ver y el corredor se guía por su corazón y su alma
Siempre una canción en sus labios, corre cantando y recordando los momentos de felicidad en su niñez ahora muy lejana
Su aldea está cerca, siempre corre por parajes cercanos y familiares
Sus hermanos, el puma y el cóndor, lo acechan y acompañan
Pero sobre todas las cosas, es el amor que crece día tras día el que lo empuja y acompaña
Corre chaski, corre, que el destino no espera, pero si te llama
Poema 2484
A dónde te has ido?
Quién ahora te mira?
Quién sufre por tus ojos?
Quién sueña con tu sonrisa?
Rio de aguas cristalinas
Qué cantas sin pedir permiso
Lava mis heridas
Y llévate todo mi amor
Contigo
Búscala
Ojalá la encuentres
Y si puedes, le preguntas
Si aún recuerda mi nombre
O aunque sea mi rostro
Pequeña gota de agua
Llega hasta ella y toca su piel
A través de ti quiero sentirla
Y quizá hacer que me mire
Por un solo momento...
Poema 2483
Miro a las nubes, soy un cóndor
Mis alas enormes y poderosas
Cubren medio cielo, si así lo quiero
Hoy quiero
Volar libre como el viento
Ir por donde se me antoje
Sin pedir permiso, sin avisar
No ven que soy el amo de los aires?
Soy el amo
Los vientos son mi cuna
Mi cama, mi abrigo
Son mi vida y mi camino
Todo puedo
Veo todo
Nada escapa a mi vista
Soy el guardian de la puna
De los valles, de los ríos
Y de este colosal imperio
Poema 2482
Mis pies siguen corriendo
Mis pulmones tienen mucho aire
Mi alma me eleva, se hace más ligera
Pero el corazón, mi corazón
Sueña...
Dónde estás ahora?
Si sé donde estás, solo preguntaba
Para recordarme a mí mismo que
No debería pensar más
Y debería olvidar
Pero
Quién ordena a mi corazón?
Quién le dice que debe dejar de latir?
Quién le ayuda a borrar tu rostro
Tus ojos negros como la noche
Y tu rostro bello como la luz
Qué ilumina en las penumbras?
Corro más rápido y ágil
Voy saltando y cantando
Mi secreto es que quiero olvidar
Dejar atrás esto que ahora
Me consume por dentro
Dónde estás paloma mía?
Eres libre de volar o
Sigues enjaulada?
Poema 2481
Cumbres nevadas, espíritus antiguos
Ustedes que tienen memoria
Y vida eterna, me escuchan?
Vengo con la frente abajo
Mis pies están lastimados pero no duelen
Mi pecho lleva aire de reserva
Y mis ojos se deleitan con su grandeza
Me regalan agua limpia y fresca
Me regalan aire puro y dulce
Y me marcan la ruta
Sin siquiera hacer nada extra
Hielos eternos, abriguen mis pasos
Refresquen mis días y lleven mis palabras
A los que me esperan
A ellos díganle que
Pronto muy pronto será tiempo
En el que vuelva...
martes, 23 de diciembre de 2025
Poema 2480
Puma amigo, dios antiguo
Tus ojos omnipresentes
Tu aliento de muerte
Mira por mi a los lugares
Que se esconden en las sombras
Y que maliciosamente
Acechan
Tú cuidas las montañas
Y reinas con sabiduría
Sabes que el balance
Debe seguir en la naturaleza
Puma hermano, enemigo mío
Amigo fiel y sincero
Mira por dónde voy
Mira a los que me siguen
Avísame si hay peligro
O no me avises, si así lo deseas
Tus ojos serán mis ojos
Tus orejas escucharán por mí
Tus garras serán mis armas
Puma amigo, que tengas buen día
Y una gran cacería
Poema 2479
Apu sagrado, padre eterno
Sabes que mi labor es importante
De mi éxito depende nuestra vida
Solamente soy una hormiga que
Cree en la fuerza del hormiguero
Y busca completar su tarea
Así le cueste la vida
Padre Inti, no dejes que caiga
Deja que llegue al destino
Y que, si debo dejar la vida
Sea después de llegar
Y completar la tarea
Apu sagrado, ilumina mi ruta
Pacha mama, abrázame y cuídame
Lleva mis pies sobre las piedras
Lleva mi cansancio lejos
Tan lejos que alcanzarlo
No pueda
Poema 2478
Correr, rápido como el viento, ligero como una pluma, llevando en sus manos el destino de todo un imperio
La tarea no es simple, es demasiado importante, es demasiada responsabilidad, y Tari lo sabe
El camino le es familiar, las montañas, las nubes, el ichu, los árboles, los ríos, las piedras, las miradas... Todo le recuerda a su casa, al camino que tantas veces hizo para ir y venir desde las montañas nevadas a su comarca
Encontraba los ojos de los pumas que lo acechaban, las sombras del cóndor vigilante, el aliento de los Apus y el abrazo de la pacha mama
Correr, más rápido, más seguro
Llegar es la meta, no tropezar jamás, no perder el ritmo, no perder el encargo y nunca perder la vigilancia de su entorno
Entonces, Tari cantaba...
Poema 2477
Así empezó Tari su entrenamiento para ser un chaski imperial.
Muchas cosas por aprender, sobre todo la capacidad de retener un mensaje a la perfección sin alterar ni una sola palabra, era de vital importancia
También la lectura básica de los quipus, aunque para él esta labor era bastante sencillo, no en vano su abuelo le había guiado en el entendimiento de estos prodigios que llevaban dentro de sus hilos, colores y nudos la historia de toda la humanidad.
Y por supuesto estaba el aspecto de la resistencia física y la velocidad. El chaski debía de llegar a su destino a tiempo y siempre debería de estar disponible para seguir corriendo
Sobre todo en tiempos de mucha inestabilidad, ya sea por desastres naturales o guerras de liberación o conquista, no había descanso para el chaski, quien, en caso de ser necesario, también tomaría las armas para defender al imperio
Tari pasó todas las pruebas con éxito, tenía el don para esta labor y, apenas unos cuantos meses de iniciado su aprendizaje, se le asignó a un tambo, para ser el enlace...
Poema 2476
Encontrar la escalinata fue cosa sencilla, y trepar ir ella hasta el techo no le causó grandes problemas
Tocó el cesto y lo movió con cautela, la luz le golpeó los ojos. A pesar de no haber ya sol, la luna iluminaba todo y el pequeño fuego parecía un astro rey traído a la tierra.
Demoró unos cuantos segundos par recobrar el aliento y la compostura, hasta que pudo ver la silueta de la persona que estaba frente a él
Aceptó la mano tendida, y salió con rapidez del hoyo, para luego devolver la canasta sobre el mismo lugar, y acomodar las cosas to y como deberían estar.
Empezó a hablar con cautela, repitiendo todo lo que le había encargado el chaski antes de enviarlo hasta este lugar, y luego extendió en su mano el pequeño bulto que le había sido encargado para transportar.
Es muy buen tiempo para un principiante, fue lo primero que escuchó, y se sobresaltó
Ahora es hora de recuperar fuerzas, mañana continuarás con tu labor
Bienvenido a casita, Taricha
Tari no pudo contenerse y abrazó a su abuelo. Unas pequeñas lágrimas rodaron por su rostro, era la felicidad
lunes, 22 de diciembre de 2025
Poema 2475
Así iba cantando Tari, a baja voz, casi en silencio, tratando de no despertar a los Apus ni a los guardianes de la tierra
Es cierto, él mismo era un guardián, pero aún así el respeto es el respeto
Fue improvisando más y más canciones, sin esperar ya nada del camino infinito, de la oscuridad del túnel, de ese viento incomprensible y de aquellas pequeñas luces que se filtraban de vez en cuando por el techo cual agujas traviesas
Hasta que se detuvo. Algo había cambiado, no sabía qué ni cómo, pero lo supo y su cuerpo de detuvo casi en seco.
Lo pudo notar al tranquilizar su corazón y su respiración, el túnel estaba en completa oscuridad
Miró hacia atrás, y pudo ver un límite, de las penumbras a la oscuridad absoluta, y luego avanzó unos pasos y encontró otra vez ese límite
Entonces se puso en la mitad exacta y sus pies tocaron la piedra tallada acomodada de manera singular.
Había llegado
Poema 2474
Señora Luna, que todo lo ves
Sabes dónde está mi Urpicha?
Se acordará de mi?
Fui un tonto ese día
Y todos los demás días también
Hasta que se fué muy lejos de mi
Dónde estás paloma mía?
Que ha sido de ti?
Desplegaste tus alas quizá?
Ahora sé que te quiero
Pero, debo aceptarlo
Lo sabía antes también
Tenía miedo, mucho miedo
Y ahora que te has ido
Solo quiero volverte a ver
Poema 2473
Cantaba Tari en baja voz, caminando
Solamente quería llegar aunque
Cuando las luces se iban haciendo mucho más tenues recién cayó en cuenta que
No sabía en qué lugar estaba el destino
No sé preocupó tanto, ya sabré
Se repetía una y otra vez, lo hallaré
El viento que corría por el túnel
Se hacía cada vez más frío
Ya había caminado bastante, la coca se agotaba, puso las tres últimas hojas en la boca
No pudo evitar pensar en su aldea, en sus padres, su abuelo, su casa
Recordaba sus travesuras, su montaña y su río. Había decidido que todo era suyo
También al amigo en la selva, Shiram
Qué haces ahora? Seguro que en el bosque, o con los cazadores
Y su mente voló, y le trajo esa mirada hermosa que lo había cautivado desde que era pequeño, y suspiró
Si he de vagar eternamente en estos túneles infinitos oscuros, pensó, lo haré recordándote - Urpicha
Poema 2472
Madre querida, tú que entiendes
Mis dudas y temores, mis miedos
Dónde estás? Dónde te escondes?
Mi ruta hoy es desconocida para mí
Mis pasos dudan, mi corazón
Pide que nos guíes, estás ahí?
Yo sé que me escuchas
Se que me cobijas con tus brazos
Y me acunas como un niño
Pacha mama, cuídame
No dejes que me desvíe
Tomado de tu mano llegaré
Poema 2471
Las indicaciones fueron escuetas y claras: vas allá, llegas, te presentas, entregas ésto y regresas por arriba
Y se fué, por donde ambos habían bajado, cerrando el ingreso
Tari estuvo un buen rato en silencio, tratando de calmar a su corazón que latía a mil por segundo, y esa sensación extraña en la piel que le indicaba el peligro
Pero usó todo lo aprendido, se sentó un rato, abrazó la tierra, agradeció a la pacha mama por cobijarlo y cuidarlo, luego miró como le había enseñado su abuelo, y vislumbró claramente el camino entre las tinieblas
Habían rayos de luz que se filtraban desde el techo, y sus ojos poco a poco se fueron acostumbrando a las penumbras. Se puso tres hojas de coca en la boca y empezó a masticar
Los primeros pasos fueron dubitativos, temerosos, pero luego, poco a poco, fue avanzando con más seguridad
domingo, 21 de diciembre de 2025
Poema 2470
El tambo estaba lleno de cosas
Parecía pequeño por fuera, una simple construcción de piedras y paja, pero por dentro se podía admirar su grandeza
Tenía una sola entrada y varias ventanas
En algunas salientes de las paredes habían muchos herramientas, en una esquina fría una gran tinaja cubierta por una especie de membrana: era la chicha
Varios cestos con charki, cancha, chuño y sobre todo hojas de coca seca
Lo que no se veía a simple vista era la entrada hacia el sistema de túneles
Se tenía que mover una pequeña cesta y se encontraba el agujero
Oscuro, totalmente oscuro, pero corría el aire ahí adentro, como si existiera una corriente subterránea de vientos
El chaski tomó un puñado de hojas de coca y se las entregó a Tari, lo miró en forma ceremonial y le dijo: baja.
Tari obedeció.
Al estar abajo se quedaron parados por un largo tiempo. Tari estaba sorprendido por el tamaño del lugar, podía levantar las manos y estirarlas a los costados y no tocar ni el techo ni las paredes
El chaski estaba con los ojos cerrados, en silencio. Tari hizo lo mismo sin decir palabras, absorto en sus pensamientos y emocionado por la sensación de aventura en lo desconocido
Poema 2469
Los chaskis
Era el sistema de mensajería del imperio, rápido, puntual, sin errores
Solamente los más aptos, física y mentalmente fuertes, eran los escogidos, y Tari había sido seleccionado.
Su abuelo lo llevó al tambo de la gran ruta, y, sin mucha ceremonia, lo entregó al que se encontraba en turno
Tari estaba ansioso, moviendo frenéticamente los pies con pequeños saltos y listo para correr
No tuvo que esperar mucho, el correo llegó casi sin aviso, solo un pequeño sonido suave de su pequeña zampoña
El relevo empezó a trotar antes que el otro llegara,y recibió el recado mientras ambos corrían
Tari tuvo que poner mucho empeño para poder alcanzar al chaski, quien no se detuvo un solo segundo para esperarlo, solamente lo miró con gesto adusto y recriminador
Solamente corrieron, en silencio, marcando un ritmo fijo, aumentando y disminuyendo el ritmo acorde a la pendiente de la ruta, tomando agua a sorbos y mascando coca
El chaski sacó su zampoña y la hizo sonar por unos segundos, y en ese preciso momento divisaron el tambo a lo lejos. El relevo empezó a trotar en la misma dirección y se encontraron en la ruta para hacer lo mismo. Luego de entregar el recado disminuyó lentamente el ritmo y, dando vuelta hacia atrás, regresaron al tambo
Poema 2468
Siempre habrá alguien que tenga algo para ayudarte
Nunca olvidaron esa frase, sobretodo en aquellos momentos difíciles cuando parecía que los elementos y la naturaleza no les permitirían sobrevivir
Les sucedió en los desiertos, lugares inhóspitos con calor y sed imposibles de describir, creyeron que era el final de ambos, pero en el momento más difícil encontraban una mano mágica que los guiaba por el sendero correcto y los sacaba del problema
La gran madre
La conocían con muchos nombres diferentes en cada pueblo, en cada hogar tenían su propia variante de esta protectora de la vida y la naturaleza
No tuvieron el tiempo necesario para adaptarse al calor y frío extremos del desierto. Y el océano infinito era un reino que no les estaba permitido, así que, se devolvieron a su montaña y sus selvas, y se dedicaron a fortalecer su cuerpo y alma en estos parajes.
Ambos crecieron, se hicieron muy fuertes y hábiles cada uno a su manera, y se despidieron con un simple apretón de manos cuando las luces de los astros les indicaron que ya era tiempo de dedicarse a la segunda etapa de su preparación: Shiram formaría parte de los guerreros y se adentrarian a las selvas vírgenes, y Tari se convertiría en chaski...
Poema 2467
A su vez Tari le mostraba el inclemente frío de la puna. Las nieves eternas cuidaban a los Apus más elevados. El terreno era hostil y abrupto, y el aire era más escaso, costaba respirar, mucho, mucho.
La juventud es intrépida, no median las consecuencias. Tomaban las cumbres más elevadas sin preocupaciones. En estos parajes los sonidos son diferentes, pero las melodías embrujan, te retan, te invitan a una nueva aventura.
Volar en los amplios valles, sentir el viento y la lluvia, sentir el sol en la cara. Deslizarse por las quebradas, encontrando las ninfas en los manantiales, los espíritus escondidos en un cactus o una cueva apenas visible, o en esas gotas que se desprenden tercas de los tempanos y estalactitas, sin saber que son el motor de toda la vida. O quizá sí lo saben, y ese es su secreto mejor guardado.
Deslizarse entre el mar de florecillas multicolores, que brotan entre cardos y rocas, sentir una espina que defiende con valentía a su flor adorada. Y seguir silenciosos tras los dueños de la montaña, tratando de no alterar nada del perfecto balance...
Poema 2466
Aprendieron mucho uno del otro, casi como un juego de niños, de dos adolescentes que aún no han terminado de crecer y están ávidos por aprender de la vida y del universo.
Primero fue en la jungla, entre la maleza y los rios, los insectos y las flores, la humedad y los olores. Buscar en una rama, en una corteza o en el fango, cualquier lugar siempre era una oportunidad y la diferencia entre la vida y la muerte si podías encontrar algo. O si sabías siquiera lo que andabas buscando.
Los cantos de los viejos troncos, los lamentos de las cascadas y las risas de las piedrecillas, las nubes jugando entre la brisa, las gotas que protestan y se divierten. La naturaleza está viva, el alma del bosque nutre a su gemelo. Shiram es el gemelo escogido, es el que camina sin tocar las hojas del suelo, el que escucha en el silencio y el que entra y sale del agua como si fuera su casa.
Aún están en formación, pero está parte del aprendizaje les corresponde solamente a ellos, tal como lo hicieron sus abuelos en su tiempo. El evento se da saltando a una generación, es inevitable, imparable. La selva es una gran maestra, te enseña que hay alegría y tristeza en esta vida, así como está el sol y la luna, la noche y el día. Y el ciclo de la vida nadie lo detiene. Ese es el principio de todo, y también su final absoluto...
sábado, 20 de diciembre de 2025
Poema 2465
El vuelo fue largo, apacible, tranquilo.
Mi abuelo no necesitaba mucho para alzar vuelo y perderse entre la luces y sombras de la montaña. A veces caminaba entre las rocas, o se deslizaba entre las nieves y las nubes, o simplemente era la bruma en la espuma de una cascada. Apenas podía seguirle el paso.
Me contó una historia mágica, de una amistad sin igual con su amigo, el tunche de la selva, con quién pasó muchas lunas compartiendo aventuras que no alcanzaría mil días para contarlas todas. Aprendieron uno del otro, también de sus respectivos abuelos y de sus ancestros. A veces tuvieron que huir de peligros inminentes, ayudándose mutuamente.
Y, en algunas ocasiones, habían encontrado a los espíritus ancestrales que venían en su ayuda, solamente en ocasiones muy especiales.
Tari recordaba todo ésto sonriendo, pensativo, sobre todo lo siguiente:
Mi abuelo me dijo una frase que nunca podría olvidar: Siempre habrá "alguien" que te ayudará con "algo". No lo olvides nunca, estas palabras podrían ser la diferencia entre sobrevivir o morir sin más ...
Poema 2464
El puma y el cóndor dominan las montañas, los campos amplios y verdes, con aguas cristalinas, cumbres nevadas y lagos encantados...
Así retomó su relato mi abuelo cuando llegamos a la cima de la montaña. Habíamos dejado los atados de leña en la casa, tomamos un puñado de cancha y algo de charqui y salimos en silencio sin que nadie nos diga nada.
Somos los que vigilamos el orden de la cordillera, de los grandes lagos y ríos, de los valles y las punas, llegando incluso a esos lugares áridos y secos cerca a las grandes aguas (el océano).
Pero en el monte, el lugar de los bosques y pantanos, ahí es el reino del jaguar, el caimán y la anaconda. El balance debe continuar por el bien de todos. Ahí los espíritus del bosque no pueden ser solamente de formas animales conocidas, no. El espíritu del bosque no tiene forma, y adopta la que sea necesaria para lograr su cometido.
Y la mejor forma es la que simboliza el balance del bien y el mal, o lo que nosotros conocemos con ese nombre. No hay bien absoluto, ni tampoco mal absoluto en el bosque, depende de la forma en que lo mires. Nadie puede vencer al bosque, a su poder ancestral, a su capacidad de regenerarse y destruir todo aquello que no es suyo.
Y, para garantizar esto y mucho más, uno de los habitantes de las aldeas que ahí habitan, es seleccionado como el cuidador y guardian, al que hay que temer y respetar, que tiene poderes mágicos impresionantes y que puede curar y matar al mismo tiempo, siempre sonriendo, siempre cantando con esa voz pegajosa que más parece un silbido, y que te hipnotiza y te atrapa hagas lo que hagas.
Y, ese es el tunche, mi querido Tari, aquel que tú acabas de conocer y aquel que yo, a su debido momento, conocí también...
Poema 2463
Me regañó con gestos, haciendo imágenes extrañas con las manos y la cara, los ojos y hasta la nariz. Era gracioso y extraño. Me untó con una especie de aceite por todo el cuerpo, lo que me devolvió el calor y dejé de temblar de frío. Siempre sonriendo, siempre cantando.
Tenía un tono de voz extraño, raro, cautivador. No podías dejar de escucharlo. Era como una melodía mágica que te atrae cual mosca a una trampa de miel. Entré en calor y volví a respirar sin dificultad, dejando de toser y de temblar.
Cuando estaba por abrir la boca para preguntar por todas esas incógnitas e interrogantes que estaban torturando mi cabeza, mis sentidos y el alma misma, acercó hacia mi un cuenco pequeño que contenida algo líquido dentro. Ante mi estupor, apuró un sorbo del mismo y lo tragó con muestras de placer y agrado, y sonriendo me lo ofreció, otra vez.
Era una bebida algo ácida, pero me avivó rápidamente. El primer sorbo lo di con mucha cautela, pero luego, rápidamente acabé el contenido del cuenco, que de por si era pequeño. Estaba terminando de beber cuando noté que había puesto una hoja grande en el suelo, y sobre ella estaban algunos trozos irregulares de algo parecido a carne y unos trozos blancos más pequeños a su costado.
En este momento él tomó un pequeño trozo de ambos montones y los llevó a su boca, masticando lentamente y con mucho placer. Me indicó con señas a hacer lo mismo. Ahí conocí la fariña y el pescado seco. Una delicia al paladar...
Poema 2462
Todo iba muy bien, sin contratiempos. Nuestros hombres recogieron a la niña, hermosamente ataviada, y tomaron una ruta diferente a los que habían ido a nuestra aldea con el mismo fin.
Todos iban cantando a muy baja voz, no hubieron peleas, ni lágrimas, tampoco alegrías ni festejos. Tenía que ser así.
Al tratar de tomar una ruta paralela, continúa el relato el abuelo, en un momento sentí que no tenía piso bajo mis pies. Traté de agarrarme de lo que pude, mientras me deslizaba por una especie de catarata oculta y caí a una especie de laguna subterránea, que estaba en completa oscuridad.
Empecé a flotar, tratando de llegar a la orilla, pero mis esfuerzos eran en vano. El agua entraba por mi boca y mi nariz, sentía que me quemaba el pecho, y poco a poco la oscuridad se apoderó de mi. Mis últimos pensamientos fueron para mí madre, mi abuelo, sentía haberles fallado, quería llorar.
Desperté de golpe, tosiendo. Aún era de noche, es cierto, pero la figura del tunche era fantástica. Su piel reflejaba la luz de las luciérnagas, sus dientes blancos sonreían, y su cabello negro contrastaba con su rostro. Estaba golpeando mi espalda con suavidad, hasta con cariño, y entonaba una especie de canción o silbido que me daba tranquilidad...
Poema 2461
Me sucedió en una situación similar a la tuya, empezó el relato su abuelo. También era un mozalbete impetuoso, intrigado por haber descubierto la posibilidad de emular al cóndor y al puma y vagar por las llanuras y las montañas. Sabía que era un regalo especial de los apus sagrados y de que tenía una responsabilidad mayor, por lo menos eso me dijo mi abuelo. Y me prohibió explícitamente ir a la jungla.
Esa prohibición avivó mi curiosidad, y, siendo la época del secuestro de las niñas, me escabulli entre el grupo de guerreros y los seguí hasta la aldea en la selva. Mi abuelo no iba en el grupo, pero si mi papá, y en la casa quedaron las mujeres con la niña lista para el "secuestro"
Era una costumbre ancestral. Cada cierta cantidad de generaciones se "secuestraba" una niña que debía ser no muy pequeña ni muy madura para que sea esposa de uno de los habitantes, muchas veces el jefe, para que así la sangre se renovara y no aparecieran tantas enfermedades. En los quipus estaba escrito que era costumbre de las primeras personas que llegaron desde los glaciares a estas tierras, y que sabían que, de no hacerse, los muchachos irían naciendo más débiles y enfermizos.
Y todos aceptaban esta costumbre, era la ley de la vida...
viernes, 19 de diciembre de 2025
Poema 2460
Tari miraba al abuelo con la boca abierta, sorprendido, asustado, sin saber que decir o hacer. Su mente volaba a mil por hora, enlazando ideas e imágenes, palabras, frases, hechos, y un temor visceral que se iba haciendo cada vez mayor mientras miraba al hombre viejo como masticaba con placer, disfrutando de la fariña y el pez seco.
Será él? Quizá solamente me dejó vivir para llegar hasta mi aldea y capturar a mi familia entera? Tantas historias le habían contado que, ya no solo había temor en su corazón, sino un terror que iba congelando lentamente sus pies.
Tomó valor, alargó la mano y tocó suavemente al abuelo en el hombro mientras preguntaba: Shi..ram?
El abuelo lo miró por unos segundos en silencio, luego empezó a reír con una carcajada tan sonora y enorme que despertó a todos los Apus de las montañas. El ruido fue tan intenso que muchos animales y aves salieron disparados de sus escondites y madrigueras y se dispersaron por la montaña.
Puso una mano sobre el hombro de Tari, y, con la misma voz del abuelo cariñoso de toda la vida, le dijo:
La misma pregunta le hice a mi abuelo en una situación similar. No, no soy el tunche, aunque me hubiese gustado serlo. Y no, el tunche no es solo esa maldad de los cuentos que nos cuentan, el tunche es mucho más, y ahora, ya es tiempo de que lo sepas...
Poema 2459
Todos vemos solo aquello que queremos ver, nos enfocamos en nuestros miedos y temores, y maximizamos aquello que confirma nuestras ideas, es entonces que perdemos la objetividad y nos convertimos en víctimas de nuestros prejuicios.
Eso le iba diciendo el abuelo. Tari solamente asentía en silencio y su corazón latía sin poder controlarse. El tunche. Había escuchado tantas historias de los espíritus malignos de las selvas, que no podía creer que hubiese caído tan tontamente en las trampas y artilugios de tan malvado ser.
Ahora todo se hacía más claro ante sus ojos. Eso explicaba el motivo de que se hubiera perdido, de la lluvia y la serpiente, y de su impresionante salvación. También la razón por la que una shushupe lo atacara. Desde el inicio tuvo sus dudas, su corazón estaba demasiado tranquilo, su alma también.
Recordó las raciones compartidas, buscó el pequeño paquete y con furia lo lanzó por los aires. Apenas se había liberado de su mano, el paquetito fue atrapado al vuelo por el agil puño del abuelo, que lo atrajo hacia si con mucha curiosidad, lo empezó a abrir y tomó un pequeño bocado de la fariña.
Ya casi había olvidado este sabor, decía con sonrisas, mientras seguía comiendo también el pequeño trozo de pez seco. Hmm, decía, es tan delicioso...
Poema 2458
La despedida fue amable y silenciosa, el camino fácil y ligero. Iba cantando también, tratando de recordar lo poco que entendió de lo que le había dicho Shiram. Es cierto, tenía un idioma muy diferente al de los suyos, pero pudieron entenderse con una mirada de cazador a cazador, de adolescente a adolescente, de niño a niño.
Antes de partir, compartieron sus provisiones. Carne seca por pescado seco, cancha por fariña. A Tari le causó una sensación extraña la comida de Shiram, y lo mismo le pasó a este último. Ambos hicieron gestos extraños al comer, luego rieron divertidos, guardaron lo que les sobró y marcharon cada quien en dirección de su hogar.
Al llegar al claro dónde había dejado los atados de leña encontró a su abuelo al lado de dos medianos. Lo miró con calma, lo atrajo hacia él y lo abrazó en silencio. Mamá y papá están muy preocupados, pero les dije que estabas bien. Me creyeron, luego hemos venido hasta aquí y se llevaron cada uno su atado de leña. Me alegra que estés bien
Y, sin decir más, alzó su paquete y empezó a caminar. Tari hizo lo suyo y caminaba en silencio detrás del abuelo, hasta que llegaron al lugar donde deben reposar un momento
El abuelo rompió el silencio
Entonces, encontraste al tunche, le dijo
No era una pregunta, era una afirmación. Y era una orden para que de detalles del encuentro
Tari empezó a contar: se llama Shiram...
Poema 2457
El bosque está vivo.
Cada madero, cada leño, cad hoja de estos milenarios árboles tiene una historia que contar.
Una avecillas que aprendió a volar, o que en su intentó cayó y fue devorada por mil insectos, los cuales agradecieron a los cielos por el festín.
Un arácnido festejando su primera cacería exitosa, engullendo al insecto que no entiende las razones de no poder moverse. Un pequeño mamífero que, paralizado por mortal veneno, es engullido mientras aún puede ver la luz del sol, o de la luna y las estrellas.
Un pez que acaba de desovar y es engullido por otro más enorme que, a su vez, es devorado por un caimán. El eterno juego de la vida y la muerte, esa danza frenética de idas y venidas, de alegrías y tristezas. El bosque sigue ahí, por milenios, incluso los humanos que ahí viven lo escuchan y han logrado la armonía con el bosque ancestral
Tari y Shiram están sentados en silencio en la cima del majestuoso árbol, sienten el aire frío que despide la noche y dan la bienvenida al majestuoso sol que acaba de nacer...
Poema 2456
El apretón de manos fue largo, amigable. Agradecimiento, es todo lo que podía sentir en ese momento. No habían preguntas, no era necesario, solamente esa sensación de haber encontrado a alguien muy superior en todo a ti mismo y que te ha salvado la vida.
Tari no se había percatado que la serpiente había subido por el otro lado del tronco en el momento de la lluvia, y había aprovechado cada movimiento suyo para ir deslizándose hacia arriba. Luego, muy lentamente, estaba bajando, pero no entendía por qué intentaba atacarlo, solo lo supo mucho tiempo después, cuando Shiram le explicó que ese era su nido.
Shiram trepó al árbol con una agilidad tal que Tari apenas pudo seguir. Llegaron a la cima. Shiram iba cantando en voz baja, abrazaba el tronco, acariciaba las ramas, ponía su frente a las hojas. Respeto. Tari lo entendía, pero solamente trepaba en silencio, respetuoso silencio. Era claro que el bosque está vivo y se merece todo ese respeto y mucho más.
Ya en la cima, Shiram le mostró el lugar de su aldea, y la dirección de donde él, Tari, había venido. Era cierto, no le costó mucho identificar el camino en el límite de la montaña, incluso le pareció ver algunas luces, quizá pequeñas fogatas.
Luego Shiram hizo un circulo varias veces alrededor de una zona cercana a dónde estaban y sonrió muy divertido. Tari se puso rojo de vergüenza. Ese había sido su recorrido...
jueves, 18 de diciembre de 2025
Poema 2455
Era enorme.
Tari no podía dar crédito a sus ojos. Aún atado a la rama del árbol, con la vara en posición de defensa, apenas podía aceptar lo que estaba viendo. El dardo del cazador aún estaba en la mandíbula de la enorme shushupe que apenas se movía en el suelo.
El cazador se acercó lentamente, tan rápido y sin hacer ningún ruido que los insectos y otros animales de la jungla siguieron en su fiesta sin percatarse. Quitó el dardo con cuidado, y metió a la serpiente en una especie de saco. Luego miró a Tari y le ofreció una mano. Tari soltó el bastón, cortó las lianas con el Tumi, luego también lo dejó caer, y con agilidad impresionante se deslizó por el tronco principal.
Ya en el suelo, se acercó al cazador. Se sorprendió aún más al ver el rostro de su salvador: pintado con líneas oscuras, pero claramente aún un adolescente, un poco mayor que él, estrechó la mano tendida y dijo:
Tari
Shiram
Poema 2454
La calma volvió a la selva. Los insectos y las aves nocturnas volvieron a cantar, las hadas y duendes salieron de sus escondites y nuevamente danzaban sin cesar, haciendo caer las últimas gotas de las hojas, recuerdos de una lluvia que no hace mucho gobernaba el espacio y el tiempo.
Tiempo. Tari sabía que no tenía mucho tiempo, que en el momento menos esperado esa figura al acecho se deslizaría sin hacer ningún ruido y se abalanzaría sobre él. La única ventaja que tenía era la altura, pero no su tumi ni su vara sería contrincante de una flecha o una corbatana. Trataba de controlar su respiración, sus latidos, guardar el máximo de energía. Había escuchado de los cazadores de la jungla, y sabía que sus posibilidades eran mínimas, pero daría pelea, no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.
Las horas pasaron lenta y dolorosamente. Hasta que sucedió. El cazador levantó su vara en forma imperceptible y la dirigió hacia Tari. El movimiento estaba calculado, no hizo ningún ruido, hasta que... El dardo llegó a su objetivo y un gran ruido despertó a toda la jungla con un sonido seco al golpear el suelo mojado bajo el árbol...
Poema 2453
Empezó a modular su respiración y hacerla imperceptible. Tranquilizó a su corazón, que de inicio palpitaba con violencia, hasta que se hizo lento y suave. Cerró los ojos.
En las penumbras de la noche, entre la maleza que está secando lentamente, Tari pudo percibir un sonido insignificante pero inconfundible, a pesar de que el olor que venía de esa dirección era de barro y plumas, sabía que era un cazador diestro el que lo estaba observando.
Pudo ver sus ojos, luego descubrió su silueta y sus armas. Estaba muy tranquilo, confiado, sabía de su ventaja, por lo menos eso creía. Tari esperó. Buscó por todos lados sin hacer ningún movimiento. Silencio total y absoluto. La selva estaba esperando el enfrentamiento de un cazador notable y su presa.
Está solo. Pensó Tari. Me ha visto y está al acecho. Está armado y puede salir corriendo en múltiples direcciones. Yo solo puedo ir hacia abajo. Nunca llegaría. Pero, por qué no me ataca aún?
Poema 2452
La luz de la luna espantó los espectros que vagaban entre las sombras y malezas, que acechaban y danzaban al ritmo de las gotas cantarinas que saltaban de hoja en hoja, de leño en leño, de flor en flor.
La tenue luz blanquecina dibujó las siluetas de los árboles, descubriendo, para sorpresa de Tari, algunas flores que parecían florecer en plena noche.
El suelo mojado reflejaba parcialmente la luz de luna y algunas estrellas. Le pareció incluso notar uno que otro arcoiris. Estaba soñando? Tari se frotó los ojos, aspiró el aire con violencia, movió brazos y piernas, vigilando las amarras y el tumi en la mano. Estaba despierto, solamente la imagen de la naturaleza viva en una noche de luna después de la lluvia era de fantasía.
Los olores cambiaron, aparecieron muchos sonidos, sobre todo de insectos y depredadores furtivos. Sin moverse demasiado empezó a identificar a los cazadores, y a sus presas. Era un observador de piedra, implacable, imparcial. Pudo ver a los cazadores en su majestuosidad plena, y a las presas no entendiendo su final.
Hasta que se sintió observado. Se puso en tensión absoluta, el peligro era de un olor intenso y agridulce a la vez...
Poema 2451
Las gotas de la lluvia danzaban en su frente, se deslizaban lentamente por los cabellos, luego por el rostro, los brazos y el cuerpo, para continuar su alegre recorrido hasta el fértil suelo. Llevaban en si el aliento de l vida, la fuerza primigenia que despertaba a los espíritus del bosque y que hacían germinar las semillas y tallos, hacían que los animales todos sigan ese ciclo infinito de vida y muerte.
Agradeció la lluvia, por todo lo que ella significa. En su comarca las lluvias eran intensas, aunque para los cultivos no dependían de ellas, ya que siempre tenían agua que descendía por las laderas directo de los Apus en la cima de las montañas heladas. La lluvia siempre significaba vida, alegría. Además, en este momento tan complicado para él, la lluvia le servía de protección. Tari recordó que muy pocos cazadores continúan con su tarea bajo la lluvia, la mayoría tiende a guarecerse y esperar.
Agudizó los sentidos al extremo, tenía que vencer al cansancio y al sueño, si quería sobrevivir sin problemas. Solo se movía para no adormecer los músculos, pero esos movimientos estaban tan calculados y entrenados que eran imperceptibles y más silenciosos que una gota cayendo del borde de una hoja.
Repentinamente la lluvia cesó, las nubes se separaron y dieron paso a un océano de estrellas allá arriba, cambiaron los olores, más aún cuando apareció la luna...
miércoles, 17 de diciembre de 2025
Poema 2450
Otra fue la historia en el bosque. El movimiento sigiloso del puma le ayudó bastante, pero había mucha maleza, árboles de diferentes tamaños y formas, insectos a montones y alimañas peligrosas. Perderse en la jungla era muy fácil, y se perdió.
Cierto día su madre le pidió que fuera por más leña, y él decidió explorar un poco más allá del lugar habitual. Recogió la leña necesaria, la ató en varios paquetes, y la puso cerca al camino. Al regresar las llevaré a casa, pensó, aún es temprano, iré a explorar.
Se percató que estaba perdido cuando las sombras estaban cayendo y había decidido regresar. Hizo el camino de vuelta siguiendo las marcas que había dejado, pero nunca llegaba. Nunca llegó al lugar de partida, y cada sitio por el que pasaba le parecía el mismo, una y otra vez.
Decidió quedarse en la noche. Debía guarecerse en algún lugar, era peligrosa la noche en la selva, hay muchos cazadores nocturnos, y él en este momento era una presa más.
Hizo un bastón lo bastante fuerte y largo, ató algunas cortezas e hizo algunas sogas, no muchas, y ató su tumi a una de sus muñecas. Trepó a una rama de un gran árbol, verificando que no hayan serpientes ni otros animales en su cima. Cortó las ramas mientras subía, impidiendo así el acceso de cualquiera desde tierra, y se ató la cuerda a la cintura y el otro cabo al palo más grueso.
Si se dormía no caería de inmediato, tendría tiempo de colgarse de la rama, y no perdería el tumi afilado. Pero tenía que esperar despierto el amanecer, para así tratar de volver a casa. Puso un par de hojas de coca en la boca y empezó a masticar...
Poema 2449
Esto es un gran secreto, le dijo el abuelo a su nieto. Lo aprendí, así como tú, de mi abuelo, cuando también lo encontré acá. Él me dijo que siempre sería así, un don que se transmitía de abuelos a nietos, que no tenía nada que ver con descifrar los quipus, ni cuidarlos, esa es otra historia, y que siempre era en un día como estos, cuando uno de los nietos, sin saber la razón o el motivo, vendrá a la montaña, y se quedará.
Pero me fué entregada otra labor: ser chaski y recorrer los caminos del imperio. Así que parti al trote por los campos, por los bosques y por los ríos para preparar mi cuerpo, mis pies y mi alma, porque mi corazón estaba ya preparado, yo no entendía la razón.
Ahora veo que tú estás prácticamente listo, incluso he visto que has logrado domar al puma, y que ya no es tu enemigo, es más, eres un puma sigiloso y te fué más fácil que a mi convertirte en un cóndor celestial.
Tari no se sorprendía de nada. Había aprendido a escuchar, sabía que los Apus decidían todo, y que la naturaleza es sabia, y que todos tenemos nuestro lugar en la larga cadena de hilos de colores que nos ha tocado caminar.
No fueron necesarias consignas ni juramentos, ni palabras en clave ni cosas por el estilo. Poco a poco empezó a tomar confianza en sus nuevas habilidades y pudo remontar los cielos sin compañía del abuelo, siempre teniendo vigilado al puma y a cualquier otro intruso que se pudiese acercar a su lugar.
Poema 2448
Le tomó varias sesiones poder volar sobre los ríos, montañas y lagos. Siempre se sentaba en el mismo lugar, siempre hacían lo mismo: escuchar a la naturaleza, olerla, sentirla, cerrar los ojos y dejarse llevar.
En un momento dado se miró a si mismo, y al abuelo a su lado. Y también vio un cóndor poderoso casi transparente elevarse del cuerpo del abuelo, que lo miraba, y le invitaba a elevarse con él.
Fueron arriba, muy arriba, más allá de las nubes, mucho más. Se perdieron entre las sombras y las luces, por momentos miraba hacia abajo y veía que siempre hay un río, un sendero, una cadena de montañas, diferentes colores, y diferentes historias en un mismo lugar, o lugares diferentes, todo entrelazado, todo siempre llevaba al mismo lugar: su aldea.
Entonces, también casi sin quererlo, entendió el significado de los hilos de colores y los nudos. Todo era más simple de lo que parecía, todo tenía un objetivo y un significado, solamente era necesario ver más allá, más lejos de dónde alcanza la vista del hombre, del puma o del cóndor. Ver la historia desde donde nace todo y todo termina, por lo menos hasta el día de hoy...
Poema 2447
Mira a lo lejos, le dijo, que ves?
Veo muchas montañas, similares a esta, de sus cumbres descienden aguas que van formando pequeñas quebradas y a lo largo de su camino sinuoso aparece la vegetación que va cambiando lentamente.
Tu visión ha aumentado, pero dime, qué más puedes ver?
Tari se sorprendió. No tenía respuesta a esta pregunta. No quiso responder con palabras vacías, pues quitan el tiempo. Eso le había dicho el abuelo muchas veces. Así que calló, cerró los ojos, y empezó a sentir el aire frío y todos los olores que venían con él.
Sin darse cuenta, la imagen de las montañas, quebradas y ríos fue apareciendo ante sus ojos. Al inicio era todo bastante borroso, pero poco a poco se fueron aclarando y tomando color, y le pareció incluso que podía oir los cantos de la puna, los sonidos melódicos de las gotitas que caen desde los bordes rocosos y forman un pequeño manantial. Sentía la música de la naturaleza, su vitalidad y el alma de cada cosa, y se dió cuenta, además, que podía acercarse a las imágenes, se sentían al alcance de las manos, quiso tocarlas, quiso acercarse a ellas, pero el golpe seco lo devolvió a la realidad.
Ay, aún eres un pequeño, no puedes controlarte. Le decía el abuelo mientras le ayudaba a levantarse.
Al intentar estirar los brazos hacia adelante, había perdido el equilibrio y se fue de bruces contra el suelo. No se lastimó. La pequeña saliente delante de ellos detuvo su caída. De no ser por ella hubiese rodado un gran trecho y otro sería el cantar.
Se limpió, agradeció la ayuda del abuelo, y ambos regresaron al mismo lugar...
Poema 2446
Mientras todo eso sucedía con Urpi y Chaska en la capital del imperio, muy a lo lejos, detrás de las montañas más altas, en la vertiente de los ríos que van a las selvas inmensas, Tari seguía preparándose para salir a buscarla.
Todos los días recordaba el aciago momento cuando se la llevaron, y cuando fue perseguido y lastimado por el puma. Frotaba sus brazos con violencia, sintiendo las cicatrices engrosadas que aún dolían.
Cuanta razón tuvo su padre, al sentir las cicatrices recordaba claramente ese dolor infinito que sintió aquellos días, y volvia a prometerse a si mismo que no volvería a pasar. Y así fué.
Volvía a las cumbres nevadas con frecuencia, primero huyendo del puma que se cansó de acecharlo. Luego empezó a perseguir al felino, tratando de acercarse sin que se de cuenta, tratando de imitar su andar sigiloso y su infinita paciencia.
El abuelo iba con bastante frecuencia a la cima, por alguna razón que al principio no podía entender. Solamente se sentaba a sentir el viento helado en el rostro y el sol ardiente. Tari hacia lo mismo y se entregaba a la dulce melodía de los sonidos y olores de la montaña, ya que hacían esto con los ojos cerrados, siempre en silencio.
Hasta que cierta vez el abuelo le habló de un secreto que nadie podía saber...
martes, 16 de diciembre de 2025
Poema 2445
Ya casi tenía la cabeza de Chaska en sus poderosas manos, cuando la lluvia cesó de improviso. Y salió el sol, iluminando ese lugar vacío en el bosque. Ese mismo lugar donde una vez hubo un árbol maravilloso que fue quemado para ocultar sus poderes y su magia.
Vieron algunos arcoiris, y luego un viento sopló. De dónde venía? No lo entendieron nunca, solo que levantó algunas hojas chamuscadas, y de entre ellas aparecieron muchas mariposas multicolores, que empezaron a volar sobre sus cabezas.
Ambos estaban estupefactos, mirando hacia arriba, a la fiesta de alas, luces multicolores, que se fueron dirigiendo hacia el bosque en una fila maravillosa.
Siguieron a las mariposas, no fue necesario caminar mucho. Estaban revoloteando alrededor de un gran árbol, verde y amarillo, con flores blancas, rosadas y rojas, y gotitas de agua que caían de él.
En un rato de alegría se abrazaron riendo. Luego se pusieron serios, y Chaska hizo lo que le enseñó Urpi. Abrazó el tronco del árbol, le agradeció por su nobleza y tomó una corteza no muy grande, y la partió en dos. Entregó una de ellas al soldado, y la otra la guardó en su pequeña lliclla. Empezaron el camino de retorno en silencio, guiados por las estrellas y los suaves vientos, los arroyos y los Apus. El camino de retorno fue más rápido, más ligero, con una melodía de esperanza que embargaba sus corazones.
Al llegar encontró a la amiga despierta, entre fiebres, temblando de frío. Se abrazaron, y le dió ese brebaje mágico en silencio, compartiendo sin palabras toda esa magia del bosque que les hacía un gran favor. Ambas quedaron dormidas abrazadas, con sueños distintos pero muy parecidos, con una paz enorme y tranquilidad, sabiendo que aún no era el final de su travesía, ni mucho menos. Entre sueños Urpi pronunció una palabra casi en su susurro: Tari.
Poema 2444
La lluvia empezó. El soldado había sacado su tumi, sabía que nada más había qué hacer. Sus ropas estaban empapadas, su mirada era triste, la duda goteaba por su frente y sus ojos estaban anegados.
Era un soldado, acostumbrado a obedecer. Debía matar a la adolescente torciendole el cuello y luego cortando su garganta y abrir su abdomen dejando sus vísceras al aire, para que los animales hagan el trabajo de desaparecerlo todo.
Ya había masticado bastante coca, pero no quería comer el pedazo verde de cactus que tenía. Sabía que con eso sentiría menos dolor al abrirse a si mismo las entrañas luego de cortar su muñeca izquierda y dejarse morir. Eran las órdenes, y de su cumplimiento dependía la vida de su familia. Así había sido siempre, tenía que cumplir.
Se acercó lentamente a Chaska por la espalda. Ella, al sentirlo se puso de pie y se quitó la pequeña lliclla, dejando su cuello libre. La extendió en el suelo mojado, que estaba negro aún y esperó en silencio, bien derechita, sabiendo lo que estaba por venir.
Una sola idea la consolaba. Pronto encontraría a Urpi en ese otro lugar a donde van todas las doncellas, pronto se encontrarían de nuevo, y cantarían juntas, bordando, hilando, cocinando, o solamente cantando porque les gustaba cantar...
Poema 2443
El sacerdote autorizó una salida silenciosa, nocturna, solamente un soldado que había sido chaski, sin uniforme, con ropas de poblador común, y un tumi muy afilado, en caso ambos sean encontrados, para no dejar ninguna huella, pues era peligroso que cayeran en manos enemigas, o sean capturados por la guardia real.
Salieron de noche, muy silenciosos. Se desorientaron, las tinieblas no ayudaban. Al amanecer Chaska se subió a lo más alto de una pequeña montaña y trazó la ruta en forma mental. Volvieron a caminar entre las tinieblas, tanteando el terreno, sin hacer ruido, huyendo de las corrientes de aire y de la fogatas, tratando de no perderse de nuevo, aunque demoraron mucho tiempo en llegar.
Fue terrible encontrar el árbol destruido. Había sido orden de los jefes, para que no quedase ninguna huella de aquello, para no levantar sospechas de la divinidad de los Apus, para que nadie pudiese hacer la misma magia. Chaska lloró amargamente abrazada al tronco carbonizado, quería morir en ese lugar.
Poema 2442
Chaska acunaba la cabeza de Urpi y secaba las gotas de sudor de su frente. Empezó a ponerle paños fríos, para que la calentura bajara, luego también mojaba sus labios, y tapaba un poco su boca cuando, en delirios, Urpi llamaba a todas las personas que conocía y recordaba, pronunciando nombres extraños, raros, que pronto olvidó.
La sacerdotisa le dijo que parecía mucho a las fiebres del gran general, que ahora estaba sano gracias a las cortezas que ellas habían traído de la selva, de las cuales no quedaba absolutamente nada, y que era una lástima que fuese así.
Les dijo que la hermana y esposa del Inca en persona había venido para agradecer, y que los sacerdotes estaban muy impresionados de los resultados, aunque para el pueblo en general, la salvación del gran general era obra de la benevolencia de los Apus, complacidos con el sacrificio ritual. El poder de los sacerdotes y del Inca aumentaron a ojos del pueblo y de los ejércitos, y la seguridad de su designio divino también.
Chaska lloró abrazada a los pies de la sacerdotisa, pidiendo ir a ese lugar de nuevo. Sabía que Urpi moriría sin ese brebaje, sin esa corteza especial. Y que ella podría encontrarlo, que no se perdería, pues recordaba cada paso que dieron, y Urpi le instruyó sobre el lugar y las condiciones que necesita ese árbol para crecer.
Poema 2441
Duerme niña, duerme ya... Cantaba Chaska mientras Urpi ahogaba las lágrimas, pensando que había fallado y que el sacrificio de la doncella había sido innecesario.
Recordaba a la seleccionada, una adolescente en la flor de su juventud, con esa mirada serena y orgullosa que parece no se rendirá ante nada ni nadie, con una tristeza infinita difícil de explicar.
Duerme, Urpicha, niña buena, cierra los ojos y dejarás todas las tristezas atrás.
Urpi obedeció y su corazón y su alma se echaron a volar. Las nubes tenían un brillo especial, los grandes cóndores la cuidaban en su vuelo inmenso, alto, muy alto. Encontró pajarillos de múltiples colores, algunos que había visto cuando con Tari bajaban corriendo a las selvas y se adentraban al bosque a jugar. También habían muchos otros que nunca había visto, pero eran todos hermosos, bellos, y entonaban una canción hermosa.
Y, entre toda esta mañana de plumas y alas, apareció la doncella Dada en sacrificio, más hermosa que nunca, más sonriente. Traía entre sus manos un pequeño atado, anudado de hilos multicolores, que se lo entregó al momento de estar cerca a ella. Le sonrió mirándola con mucha ternura, la abrazó y le dió un beso. Luego se retiró hacia un lugar donde habían muchas como ella, todas hermosas, todas alegres, todas cantando con voz celestial...
lunes, 15 de diciembre de 2025
Poema 2440
Al escuchar todo el relato, Urpi recordó uno de las tantas historias contadas por su mamá. Cerró los ojos al recordarla. Ahogó un pequeño gemido y esa lágrima que quería brotar se fue para adentro, de donde no saldría jamás.
Le dijo a la sacerdotisa que había escuchado de este tipo de enfermedad en algunas comarcas cercanas a la tribu de sus abuelos maternos, que ella nunca había conocido, pero su madre le había explicado la características de la corteza y del árbol que podría curar a la persona enferma, si es que la llevaban a la selva, que es donde crecía este árbol tan especial.
La sacerdotisa no creía lo que le decía, pero el sacerdote había entrado al lugar para llevar a la doncella en sacrificio, se quedó parado un buen tiempo, en silencio, para luego decir que también había escuchado ese tipo de historias, pero que nunca le habían indicado de esa planta en especial, ni que tampoco sabía si funcionaba, pero, que quizá podría ser una posibilidad.
Les dijo que les asignaría su guardia personal, quienes las llevarían a la selva más cercana, y que tenían cinco noches, pues ellos partirian en tres, llegando a su destino en siete noches. Y harían el sacrificio al gran Apu. Si llegaban en cinco y funcionaba el tratamiento, los chaskis podrían llegar a tiempo para detenerlos.
Urpi y Chaska salieron inmediatamente, corriendo entre quebradas y cordilleras, llegaron al segundo día a la selva, y no se detuvieron para nada. Al llegar a la cima de una montaña, Chaska trepó a un gran árbol, y con las características que le había dado Urpi, encontró ese árbol especial. No corrieron, volaron, llevando las cortezas, sin comer, sin dormir, lastimandose los pies, las manos, los soldados apenas podían manteneles el ritmo.
Llegaron al sexto día. Para cuando el Jefe militar estaba curado los chaskis apenas pudieron constatar que la doncella ya había sido entregada en sacrificio. Fue la primera vez que Urpi lloró, mientras Chaska la trataba de consolar...
Poema 2439
La sacerdotisa principal se había encargado con Urpi y Chaska desde que llegaron. Se veían tan diferentes pero tenían un porte muy distinto y parecido a la vez. Cuando florecieron, ambas bajo el cuidado del templo, la rutina física exigente del lugar, la alimentación adecuada y suficiente, Urpi creció más que todas en el lugar. Chaska también, aunque siempre fue un poco menos de talla que Urpi, y más delgada.
Urpi destacaba por su piel clara, casi blanca que contrastaba con el negro de sus ojos y sus cabellos. Estaban tan cuidados que parecían irreales. Y su mirada era tan enigmática que te atrapaba con una sola mirada.
Chaska tenía los cabellos rojizos, la piel de color canela y sus ojos de un color marrón muy claro, parecía una mirada de felino. Nunca perdió ese aire taciturno y grave que tenía al caminar, mirar y hablar. Era realmente impactante.
Por eso no dudó en contarles que las ofrendas se harían por el mayor general de los ejércitos del Inca. Ya llevaba varias semanas en cama, con fiebres tremendas y dolores insoportables, también con fríos que le hacían temblar y castañear los dientes. Los curanderos y sacerdotes ya habían acabado con todos sus medios. El gran general se debilitaba, esperaban que muera.
Pero el Inca lo tenía en mucha estima, ya que era su hermano de sangre, y además habían peleado hombro con hombro en algún lugar, y gracias a este soldado, hoy gran general, había anexado grandes territorios al imperio. No quería que se muera. Así que ordenó se realice la máxima ofrenda que se hacía en su imperio, yendo incluso contra las tibias protestas de los sacerdotes.
Se entregaría a la virgen seleccionada al Apu mayor...
Poema 2438
Los muros del lugar eran enormes, no dejaban que nadie pudiese ver desde afuera lo que sucedía adentro.
Las niñas hacían todo tipo de actividades, que incluía la limpieza de sus propias camas, vestimenta utensilios. Ellas mismas preparaban sus propios alimentos, rotando periódicamente las labores. También cultivaban algunos vegetales y criaban algunos animales.
Preparaban la chicha destinada al emperador y los sacerdotes. A veces les pedían algo especial para el Inca, solamente en esos momentos las supervisaban muy de cerca. Después eran libres de hacer lo que querían.
A Urpi le gustaba tejer, bordar, hilar. Chaska era muy buena tallando en hueso. Hacia maravillas con su pequeño tumi. Pero, algo que ambas compartían, era escuchar las historias de todas las muchachas de ese lugar. Incluso aprendieron los idiomas de todas, para entenderlas mejor.
Hasta que llegó el momento de prepararse. La seleccionada sería entregada a los Apus, aunque era por una persona en especial, no por una montaña, o un río que destruye toda una población. Esto era distinto.
Poema 2437
Cómo el imperio estaba aumentando de tamaño y de poder, también lo hacía su enorme ejército. Aumentaban los comandantes y generales, y la nobleza iba en incremento. Siempre habían territorios nuevos que gobernar.
Al inicio entregaban los territorios conquistados a los familiares directos del emperador, pero, cuando ya no habían familiares disponibles, empezaron a entregar territorios a los grandes jefes, a sacerdotes importantes, a generales y comandantes que se retiraban.
Todos tomaban como mínimo dos esposas, para asegurar la descendencia. Y las del grupo selecto eran las hijas de curacas y de nobles, entonces no había mejor elección. Solo el emperador podía tomar concubinas de este selecto grupo de muchachas.
Y también se seleccionaban a las sacerdotisas y la más importante era la seleccionada para el sacrificio. Era un verdadero honor. Pero habían pocas muchachas, pues la gran mayoría había sido tomada como esposa. Ya no permitían tomar más de una, debido a la escasez de adolescentes.
Cuando llegaron Urpi y Chaska les entregaron ropas muy delicadas, hechas de algodón y de lana de vicuña. Además les dieron agujas de hueso con muchos hilos para que pudieran bordar. Tenían que prepararse. Ya se prepararían los 10 años acostumbrados, ahora serían solo 7 y serían seleccionables para el matrimonio.
Poema 2436
Ya en las habitaciones, Urpi y Chaska se mantuvieron unidas, siempre tomadas de una mano, semejando dos hermanas inseparables.
Llevaron a todas las niñas al lugar, luego les ordenaron que se agruparan en pares y las guiaron a un salon donde habían muchas tarimas dobles, ninguna cercana a una pared o ventana. Fueron desplazándose en silencio en una fila doble hasta que quedaron frente a la indicada
Se desnudaron, dejando toda su ropa al costado, y luego se pusieron sobre el cuerpo desnudo la manta que estaba sobre la cama. Cada una cargaba sus propias ropas, y así fueron hacia el lugar donde podrían lavarlas. La limpieza y la disciplina eran vitales. Y por supuesto la obediencia total y el silencio absoluto.
Era el templo mayor. Ellas eran las elegidas, las escogidas para un plan mayor. De ellas saldrían las concubinas reales, las esposas de los nobles, la segunda esposa del emperador, las sacerdotisas y la mejor de todas sería entregada en sacrificio a los apus o incluso al mismísimo Inti
domingo, 14 de diciembre de 2025
Poema 2435
No pasó mucho rato desde que dejaron a la joven en el lugar de la nieve, el suelo dejó de temblar, y la columna de humo disminuyó su tamaño.
Inmediatamente un Chaski partió con destino a la capital, debía avisar de inmediato que el gran Apu de Ari Quepay se había tranquilizado, había aceptado las ofrendas. Los chaskis no corrían, volaban, ya que en el Cusco los corazones no dejaban de evaporarse y volar a las nubes, para pedir al gran Inti que los perdone y calme a sus Apus.
Los chaskis llegaron, pero ya la ceremonia estaba en su mejor momento, el Inti iluminaba todo el Valle sagrado, el lugar donde estaban los cadáveres de los sacrificados había sido tapado y la multitud vitoreaba y cantaba a viva voz.
Al entregar su recado, el Inka nuevamente cambió la forma de su canto. Todo se hizo más festivo, más alegre y la chicha salió del palacio real en grandes botijas. Empezó el jolgorio general.
El Apu y el Inti se complacieron con las ofrendas, y el volcán se apagó, o por lo menos dejó de fumar...
Poema 2434
Se enteraron de que un gran inca había sido embalsamado y llevado a descansar por algunos años a una de sus ciudades favoritas. Trasladar la momia real era todo un desafío.
Participaba el ejército, muchos sacerdotes y sacerdotisas. Nadie podía tocar el cuerpo de un inca, salvo que tenga su propia sangre. Por eso deberían de mover toda una comitiva inmensa, con grandes tropas, logística, animales y hacerlo con sumo cuidado.
Es por entonces que un apu, el que coronaba esa ciudad en especial, se despertó y empezó a formar columnas de humo y sacudía la tierra como si un gigante quisiera abrirse paso desde sus entrañas. Las columnas se humo se intensificaron, y los temblores también.
Decidieron dar las ofrendas al gran dios en el cielo, para que este apacigue la ira de uno de sus hijos, este imponente apu que tenía roca y nieve, el objetivo era calmarlo.
Ya habían entregado un gran numero de cuerpos, los niños varones que acompañaban a la caravana fueron drogados, luego el sacerdote torcia su cuello y dejaban de respirar y latir, luego sacaban su corazón y demás entrañas, para después ser devueltos al cuerpo, los embalsamaban y los ponían muy cerca de la cumbre, envueltos en ricas telas multicolores, también dejaban chicha en ese mismo lugar y hojas de coca.
Y ya también habían hecho está ofrenda con un muchacha, que ya había sido aleccionada y preparada. Ella caminó junto a los sacerdotes en la montaña, llegaron hasta el lugar indicado, un golpe seco en la nuca después de que ella había elegido uno de los tantos brebajes y se lo había tomado hasta el final. La envolvieron en mantas luego de hacerle una pequeña e imperceptible lesión en el pecho. No podía sufrir.
Al haber hecho ésto, y dejando todos los cuerpos en su lugar, los niños escondidos y enterrados, pero el de ella en un lugar en la roca, con abundante comida, mantas multicolores y una gran botija de chicha, con abundancia de charki y chuño, y la dejaron ahí...
Poema 2433
Chaska y Urpi también cantaron, sin importarles nada de lo que ocurría. Así como todos alzaron las manos al dios que se liberaba de las nubes, y que, luego de iluminar solo al soberano, iluminó la plaza entera. El inca cantaba, todos con él, y los siervos de la fogata dejaron de avivarla.
El resto de vicuñas siguieron su camino bordeando el lugar donde estaban el sacerdote y el inca. Las niñas caminaron en completo orden al lugar donde les indicó fueran una sacerdotisa de edad avanzada. Antes de llevarlas, esta sacerdotisa miró de frente a Chaska, luego a Urpi. Las examinó y sonrió para sí misma: nada mal, nada mal. Se repetía una y otra vez, mientras las guiaba a un lado de la ciudad.
Llegaron cantando, algunas movían las manos, muchas incluso sonrieron, sabiendo que se acabaron los sacrificios. Pero, aún seguía muy viva la imagen de los corazones que se entregaban como sacrificio, y querían saber la razón de todo lo que pasaba, solo eso, nada más...
Poema 2432
Fué realmente espectacular. Ni bien el corazón de la vicuña entró a la hoguera, se alzó una columna de humo desde ella, casi vertical en dirección al cielo, alas nubes, a las estrellas. Para esto el cielo estaba muy nublado, las nubes estaban bastante oscuras, y el ambiente en general estaba muy tenebroso, con espíritu de tristeza infinita.
La llama en la hoguera se avivó con violencia cuando el corazón de la vicuña se quemaba, la columna de humo era de un blanco especial, se dirigía en linea recta al cielo que, como por orden divina, separó una pequeña ventana entre las oscuras nubes y, a través de ella, el sol envió un rayo directo que le dió al Inca en la cara, y este aumentó el volumen de su voz y cambió de canción.
La algarabía fue general, los vitores y aplausos, el sacerdote fue el primero en unirse a la canción del inca, luego sonaron los pututos al unisono, los tambores y los mazos golpearon ya sea escudos, ya sea el suelo, toda la multitud empezó a cantar...
Poema 2431
Avanzaban lentamente, a un ritmo único, irremediable, sin detenerse. Les dieron a tomar chicha especial, a las llamas y vicuñas también les daban algo. Todas en la fila iban muy tranquilas, mirando lo que sucedía, incluso Chaska empezó a cantar.
Urpi la imitó. Cantaban como dos pájaros de la montaña, con una voz aguda infantil tan potente que todos las notaron. Incluso les pareció ver que el sacerdote principal dirigió su mirada hacia ellas. La frente en alto, muy serenas y firmes, tampoco lágrimas ni sonrisas, solamente un aspecto muy ceremonial.
Llama tras llama, el ciclo se repetía, ya no tomaron más chicha, les dieron alguna otra cosa más con la coca. Urpi se la sacó de la boca con disimulo, Chaka también. El sacerdote lavaba sus tumis, entregaba el corazón al fuego, que era avivado a todo momento por los siervos en taparrabos. El fuego era tan intenso que el corazón desaparecía sin dejar rastro en poco tiempo.
Hasta que se acabaron todas las llamas. El Inca cantó más fuerte y el sacerdote tomó una vicuña, un golpe seco y esta cayó al costado. De manera magistral, más rápido que cualquier ojo humano, cortó al animal, y sacó su corazón aún latiendo y lo puso con mucho cuidado en el fuego, para entregarlo a los apus.
Urpi y Chaska se miraron por un segundo. Detrás de las vicuñas estaban ellas, eran las primeras, pero no dejaron de cantar...
sábado, 13 de diciembre de 2025
Poema 2430
Era el Inca el que cantaba, subido a una torre ceremonial. Estaba con sus mejores galas, y en su mano llevaba un kero que brillaba, aunque el cielo estaba nublado, incluso había una pequeña garua, y la gente estaba apostada en las murallas, por todos lados. Debajo del lugar donde estaba el inca, había un sacerdote, con varios tumis en una mesa, lavandolos cuando lo vieron por primera vez.
Notaron que había una especie de hoguera, que era alimentada por algunos hombres que solo llevaban taparrabos, y mucha leña a un costado, bajo un cobertizo. El olor a carne cocinada de la hoguera era apenas notorio, pero en la fosa habían varios cuerpos ya.
A Urpi le temblaron las rodillas, cuando reconoció a algunos de los cuerpos, le parecía que era de algunos que cargaban las literas, incluso había algunos que cargaban la comida. Luego se enteró que eran prisioneros que fueron sacrificados, y habrían sido embriagados o drogados, luego se enteró que les daban un golpe fuerte en la cabeza y les sacaban el corazón. El sacerdote sacaba el corazón y lo entregaba a las llamas, y el inca cantaba su plegaria, y se repetía una vez más
Cuando llegaron vieron como sacrificaban a la primera llama. Un golpe seco, luego una mano diestra le secaba el corazón, que iba a la hoguera y el cuerpo al foso, y luego la plegaria o la canción...
Poema 2429
La ciudad era imponente, con grandes casas, estaba muy adornada, y con muchos techos brillantes. El olor a chicha era abrumador, había humo por todas partes, y los cantos de la población eran fuertes y como pidiendo algo. El silencio total seguía a la voz potente que cantaba en solitario, que venía desde el centro de la plaza mayor, elevado en una especie de pirámide pequeña, potente, armoniosa, dolorosa, majestuosa.
Urpi y Chaska notaron que las llamas iban adelante, eran muchas, probablemente cien. Luego iban las vicuñas, menos de la tercera parte. Las vicuñas eran muy hermosas, delicadas, de un pelaje exquisito, suave, delicado. Eran cuidadas con mucho amor y dedicación, ya que daban la lana que era utilizada solo en forma especial
Cuando se percataron del destino de la columna, Urpi sintió el apretón de Chaska en su mano, pero ambas mantuvieron el paso firme, sin poderlo entender...
Poema 2428
Cuando amaneció, ya solamente estaba un pequeño contingente de soldados, serios, silenciosos, con cara de cansancio.
Una sacerdotisa las alineó a todas, las revisó, las terminó de arreglar. Quisieron separar a Chaska de Urpi, porque tenían tamaños distintos, pero ambas se agarraron tan fuerte, y con tanta vehemencia, que al final la sacerdotisa dijo que vayan juntas, al inicio de la fila
Hubieron tambores, cánticos y quenas, también pututos y gritos de guerra de los soldados y de todos los demás. Las llamas y algunas vicuñas que iban adelante estaban adornadas con tiras y borlas muy coloridas. Iban en una línea, sin inmutarse, sin quedarse atrás ni apresurarse.
Cruzaron las murallas de la ciudad, las gentes se apretujaban en una hilera infinita, y todos entonaban la canción que se escuchaba desde la lejanía. Era una voz potente, poderosa, que venía de algún lado. Ni Urpi, ni Chaska, osaron mirar en dirección de donde venía esa voz, porque nadie lo hacía, todos guardaban silencio, incluso las llamas y vicuñas hasta que llegaron...
Poema 2427
Y ya casi se habían acostumbrado a ese ritmo cansino y casi se paseo, pasando por ciudades todas desconocidas, similares y diferentes, que pensaban que pasarían años antes de llegar a su destino hasta que, algo pasó.
No entendieron la razón, pero hubo un gran tumulto entre los encargados. Sin previo aviso repartieron chicha especial a todos, y le dieron pequeñas porciones de coca, para masticar. Los más pequeños y débiles, que antes caminaban a un ritmo más ligero y despacio, fueron subidos a litera. Aumentaron las literas y los cargadores.
También aumentaron los soldados, que iban ya no tan lejos del grupo, e incluso acampaban y dormían directamente en los tambos. Los chaskis pasaban a cada rato. Parecía que el mundo se hubiera alocado, que todo iba más rápido. Inclusive, los últimos días caminaban hasta bien entrada la noche. Solo las lluvias los detuvieron, pero incluso cuando estaba garuando siguieron la ruta, no paraban.
Chaska le hizo notar a Urpi que de varios caminos aledaños traían a otras niñas y las entregaban sin ningún protocolo y casi sin detenerse. Solo la miraban y la unían al grupo, si estaba fuerte al de las que podían caminar, sino a las literas, donde comúnmente les hacían dormir.
Primero encontraron una gran muralla. En uno de los tambos, las cambiaron, las arreglaron, las peinaron. Urpi había confeccionado una especie de manta en todo el camino que se la colgaba en los hombros, la había adornado con hilos y algunas cosas que le había dado su mamá, y ese pedazo de madera negra extraña que le entregó Tari, la cosió de una manera especial, para que siempre esté en su pecho. Y se lo puso en los hombros, la madera hacía de botón.
Poema 2426
La caravana avanzaba lentamente, tanto que pasaban noches enteras hasta encontrar algún pueblo, luego las recién llegadas eran recibidas por las demás, siempre deseosas de darles un poco de calma, sobre todo para que dejen de llorar, ya que eso siempre las agobiaba.
Chaska demostró tener un buen apetito, y, poco a poco, el color de su rostro fue cambiando. Los primeros días se antojaba de comer tierra, pero de ésto se percataron las cuidadoras adultas e informaron al jefe del grupo. Le dieron un brebaje especial y la abrigaron un montón, a pesar de sus protestas. Una mañana asustó al grupo al llorar porque había vomitado una sustancia verdosa y con varios gusanos, incluso uno estaba aún en su nariz. La ayudaron, le dieron una bebida de diferentes hierbas, y luego de otro día (le contó a Urpi con mucha vergüenza que en sus heces habían muchos gusanos), sin previo aviso se le abrió un apetito voraz.
Le daban de comer a cada rato, y ella siempre pedía, no solamente papa y oca, quería charki, pescado, y le encantaba comer la caña. Fue desde entonces que el color de su cara empezó a cambiar, y su mirada se hizo más afilada e inquisitiva. Preguntaba todo, aprendía todo, con la venía de las cuidadoras y la alegría de Urpi, que la consideraba como de su responsabilidad.
En las noches frías, cuando estaban en las sierras, Urpi se abrazaba a Chaska, quien no tenía ni un poquito de frío, y no negaba a su amiga algo de su calor.
Había nacido una amistad que iba a soportar muchas pruebas, y no se iba a quebrar. O si?
viernes, 12 de diciembre de 2025
Poema 2425
Pasaron varios meses, Tari ya había cumplido los 9 años, pero estaban tal alto como su papá, y sus piernas se veían más fuertes que las de él. Había agarrado por costumbre el salir a trotar a la montaña, llegando casi hasta la nieve, llevando siempre un poco de cancha y charki, y una vara de madera fuerte, que le servía para mil cosas.
Demoró mucho tiempo en darse valor para llegar al mismo sitio desde donde vió como la caravana donde se iba Urpi llegó hasta el lugar donde acamparon y donde el puma lo atacó y casi lo mata. Tenía miedo, mucho miedo, y siempre se repetía a si mismo: hoy no, mañana quizá.
Hasta que el día llegó. Con el pretexto de atrapar a un guanaco que había escapado, llegó hasta ese lugar y, para gran sorpresa suya, se percató de que no estaba solo ahí: al lado del guanaco, que se encontraba recostado masticando tranquilamente algo, su abuelo estaba sentado con su poncho que le cubría todo el cuerpo, su mirada fija al horizonte y una especie de sonrisa en los labios y una paz y tranquilidad monumental.
Le hizo un gesto de silencio, y Tari se quedó quieto, no se movió, solo atinó a mirar en la dirección que el abuelo le indicaba. Vió la gran ruta de piedras, el tambo en la cima de una pequeña montaña, el río y el otro rio, más montañas. No, no era eso lo que quería que viera, le hizo notar el abuelo, que tenía una mano puesta sobre el lomo del guanaco que estaba plácidamente recostado a su lado.
Mira de nuevo, le dijo en voz baja...
Para esto, Tari recién se había percatado que su abuelo estaba sentado sobre un pie y el otro estaba flotando en el aire, una posición muy rara e incomoda para su gusto, pero se preocupó más en mirar a dónde el abuelo le indicaba. Dejó de pensar, solo miraba, el viento en la cara, las luces del sol en el rostro, algunas gotas de agua, y cerró los ojos. Entonces lo sintió. Ese olor característico, medio dulzón y con una mezcla de sangre y tierra quemada. Abrió los párpados y sus ojos se encontraron con los del felino que los estaba acechando, aunque el cazador sabía de su desventaja, así que estaba en posición defensiva, listo para huir.
Un cóndor empezó a dar vueltas en derredor, el abuelo alzó una mano, y el puma salió de su escondite y se dirigió lentamente hacia otro lugar, como quien entiende que no era el momento ni el lugar de la cacería. Y se retiró en silencio.
Tari se sentó en el suelo, aspiró profundamente, y se dejó llevar por la magia de las cumbres, el aire helado, el cielo azul, y los olores de la vida que le llegaban con el viento gélido de la puna y que le hacían soñar...
Poema 2424
Pero el día de partir llegó. En el caso de Chaska, a su pueblo solamente llegó un delegado con algunos soldados, la caravana se quedó muy abajo, el clima de la puna es inclemente.
El papá de Chaska solamente la abrazó, le dijo que se porte bien y nada más. Su mamá lloró muchas noches previas, pero en ese día se mantuvo seria y con una mirada retadora, silenciosa y ceremoniosa. La abrazó, le entregó su lliclla, que amarró a sus hombros con algunas cosas que le serían de utilidad, y le dió una palmada para que partiera.
Chaska caminó bien derechita, sin mirar atrás, no entregó su lliclla a nadie, no permitió que la alzaran en ningún momento y no pidió ni comida ni agua, aunque recibió lo que le daban y comió y bebió cuando todos lo hacían. Estaba segura que la cuidaban, por eso comía y bebia, y había decidido vivir.
Cuando se integraron a la caravana, se dirigieron a varias comarcas, y en todas siempre entregaban a una niña, a veces un niño también. Ella no entendía mucho de todo ésto. Solo en algunos pueblos donde hace mucho calor y la tierra se desarma bajo los pies, los niños lloraban mucho y los tenían que "mandar a dormir". Luego, cuando despertaban y volvían a llorar, los hacían dormir de nuevo. Iban en literas, cargados por hombres muy silenciosos, apartados del grupo principal.
Cuando despertaban hambrientos les daban de comer solo si dejaban de llorar. Y así, conforme avanzaba la caravana, la marcha se hacia muy silenciosa, y nunca se quedaban en ningún pueblo, solamente recogían a la niña o niños, y salían de la comarca para acampar en el camino, cerca a un tambo, en el camino de piedra principal.
Pero en las noches, cuando todos dormían, el llanto de algunos niños le hacía recordar a su choza en la puna, su papa recién hervida, su mamá y sus hermanitos, y la mirada firme aunque desolada de su papá. Y lloraba amargamente, porque sabía que nunca los volvería a ver de nuevo, nunca jamás...
Poema 2423
A Chaska el frío no le hacía mucha mella, al contrario, parecía sentirse bien cuando Urpi de congelaba y sus dientes castañeaban chocando unos contra otros. En esos momentos la abrazaba y le cantaba las canciones de su mama en su natal terruño, allá en lo alto de la puna, dónde el agua brota directamente de la cumbre helada, en donde solamente crece el ichu y puedes sembrar únicamente algunas papas.
Era la mayor de su casa. Su papá era el jefe de la comarca por elección de los demás, ya que el anterior había muerto peleando contra los ejércitos de los incas que estaban en plena conquista. Fue su papá quien tuvo que arrodillarse frente al conquistador, agachando la cabeza. El Inca hizo que se pusiera de pie, le dijo que eran hermanos, lo abrazó y le dijo que se casaria con su hija mayor o su hermana. Al ver que Chaska apenas era una niña de 6 años, le dijo que estaría bien para ser de las seleccionadas, así que tomó a la hermana de su papá como esposa y se fué, con toda su comitiva.
La guerra había durado mucho tiempo. La comarca se había mudado varias veces, ya no tenían ni llamas ni guanacos, solamente papa. Chaska caminaba a duras penas, comían una papa al día, y eso hizo que se quedara pequeña, delgada y que su cabellera se hiciera rojiza.
Su piel se puso oscura por el sol de la puna, pero sus ojos marrones oscuros parecían de puma o de jaguar, miraba con una profundidad que atemorizaba a los demás. Su mamá se pasó noches enteras llorando cuando se enteró que se la llevarían, ella también, perdió el poco apetito que tenía y había decidido dejarse morir de hambre para no tener que dejar sola a su mamá con sus hermanitos...
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