jueves, 11 de diciembre de 2025

Poema 2418

Miró la piedrecilla en sus manos, era redonda y de varios colores, predominaba el verde, es cierto
Pero la visión lo atrapaba y no le dejaba salir, solo miraba y en su memoria estaban las palabras de Urpi: está bien, está bien, está bien

Con el tiempo se castigaría por no haber dicho más palabras, por no haberla tocado siquiera, aunque eso hubiese significado un castigo atroz
Las vírgenes seleccionadas son intocables, y desde el momento en que Urpi salió de su casa ya era una de la elegidas

Qué haría con esa piedrecilla? La conservaré a toda costa, fue su decisión impetuosa y firme. Miró a todos lados, nada le pertenecía, incluso la ropa que llevaba encima podría pasar a otro, y así era cuando crecía 

Solamente su taparrabos era personal, y se iba agrandando de acuerdo a la edad. Se alegró de haber diseñado un pequeño bolso secreto en una de los costados, en alguna tarde de aquellas cuando, por andar de travieso, se rasgó y tuvo que repararlo. Era el lugar más seguro, y ahí lo puso

Te buscaré, Urpi, te buscaré 

Se volvía a repetir en silencio, y las montañas heladas, y los cóndores en los cielos, y los arroyos cantarines, los pumas y las ninfas, hasta los apus y las estrellas repetían la voz melodiosa que para él era música y religión 

Está bien, está bien

Poema 2417

Llegó corriendo, casi volando. Los pies iban ensangrentados, lastimados por el esfuerzo. No se había fijado en dónde ponía los pies, si en el camino, o en la acequia, o entre piedras o espinas. Nada le importaba, solo tenía que llegar a despedirse de aquella niña de la mirada traviesa, profunda y enigmática, su alma gemela

No te vayas aún Urpi. No te vayas. Tengo que decirte algo muy importante 

Casi lloraba cuando vió a la comitiva entrando a la comarca, y él estaba aún lejos. Su corazón dió un vuelco en su pecho al ver la imagen de la niña ataviada de manera exquisita, estaba más linda que nunca

Qué tonterías piensas! Se regañó a sí mismo en silencio 

Sus pies adquirieron alas y casi sin darse cuenta había cruzado toda la comarca y estuvo a punto de derribar a varias personas antes de plantarse frente a la niña y casi sin poder respirar le dijo

Urpi. Te vas...

Si, contestó ella, mirándolo fijamente

Estiró la mano para tocarla, sin darse cuenta que tenía en ella la madera negra que había recogido en la montaña
La niña lo recibió, y le puso en su mano la piedra que tenía a su vez en esa misma mano

Adiós Tari 

Te buscaré... Dijo balbuceando mientras Urpi se dirigía en forma solemne al lugar donde la estaban esperando 

Está bien
Es todo lo que le dijo y se fué

Tari quedó plantado como una piedra en ese mismo lugar. Todas las demás personas se dedicaron a la ceremonia de entrega y a despedir a la caravana 

Solamente el abuelo de Tari se quedó pensativo, mirando a su nieto. Es muy resistente para correr, y tiene bastante autocontrol este muchacho. Me parece que eso podría servirle más adelante 

Poema 2416

Esa mañana Urpi se levantó más temprano que nunca, la ansiedad no la había dejado dormir bien
Habían llegado muchas personas de diferentes lugares, y ya se veía llegar a la comitiva especial que, lentamente, bajaba desde el cerro con dirección a su comarca
Su mamá la lavó con cuidado, la peinó y le hizo trenzas bien atadas para que su cabellera negra y larga no se ensuciara en el camino
Le preparó una manta con algunas cosas que había traído ella misma cuando fue traída de su comunidad y cuando, en alguna ocasión, vinieron sus padres a verla, le trajeron

Dentro de todo lo que le enviaba, hierbas, hilos, agujas y tantas cosas importantes, habían algunas piedritas de diferentes colores, no más grandes que su pulgar, pero de una belleza y atractivo imposible de no notar

Guardó todo en su manta, menos una de las piedras que le pareció la más hermosa, la diferente, la rara

Tari

Le hizo recordar al mocoso ese que la miraba de esa manera tan extraña, que era muy parecido a todos pero tan diferente, tan extraño y le hacía reír y sonreír a veces con sonseras 

Dónde estará? Empezaron a salir por la puerta de la casa, ya empezaba la ceremonia. Se despidió de todos, abrazos, besos, cantos
El jefe de la caravana era muy ceremonial, imponente en su vestimenta, y había otras niñas con él, asustadas, pero serias, no había llanto, no había quejas, solo silencio y obediencia 

Empezó a avanzar en silencio, con la frente en alto, sin mirar ya a nadie
Ese mocoso no había venido a despedirse 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Poema 2415

Y así pasaron los ocho años, el tiempo vuela cuando uno es feliz, cuando las cosas simples llenan la vida y parece que todo está perfectamente bien
Para Urpi todo se convirtió en un sueño raro, la iban alistando para el viaje largo
Pronto llegaría la caravana que se lleva a todas las seleccionadas 

Tari subió a la montaña más alta a la que nunca había llegado, antes solo pudo ver cómo los muchachos más grandes y osados lo hacían 
Había nieve, y hacia demasiado frío, pero en la altura se podía ver esa ruta empedrada por dónde venían las caravanas

El viento soplaba fuerte, y logró divisar la gran caravana que se acercaba y que iba con dirección a la quebrada 
Y que, luego de pasar por ahí, llegaría a la aldea, estaban muy cerca
En eso el aire le trajo algo, un trozo de madera extraño, muy extraño 
Era madera? No importa, pero era negra y tenía una forma extraña, algo aplanada y con los bordes romos
Al inicio pensó que era un trozo de carbón, pero al frotarla mantenía su forma, es más, adquirió un brillo hermoso, único, excepcional 
Se sentía especial, y por alguna razón le hizo recordar a

Urpi...

Bajó corriendo, como si el alma se le escapara. Tropezó varias veces, cayó, rodó. Solamente una idea repetitiva rondaba su cabeza como un martillo que te golpea y golpea

Urpi se va, Urpi se va 
Y no le he dicho nada...

Poema 2414

Urpi jugaba en la casa con sus hermanos, todos le tenían consideración y especial cariño, era la elegida
Sabía que era algo importante, aunque su mamá se entristecía cuando recordaba esto, y le cantaba canciones en su lengua antigua mientras peinaba su cabellera frondosa y negra

Aprendió el idioma de su mamá, sentía que tenía una música especial y una forma diferente de expresar la vida
En su idioma las plantas tenían alma, y el bosque tenía una protectora, conocida como la gran madre sabia, un espíritu eterno que cuidaba de todos

Y le enseñó a confeccionar lindos adornos, y los secretos de muchas hierbas del bosque, que pueden ser venenos o pociones, y otros que pueden ser alimento o matarte en el acto

Y también aprendió de los apus, de los cerros sagrados, sobre todo de esos lugares tan fríos que a ella no le gustaban, no entendía por qué 
Y de la forma como preparar la papa, la oca y tejer la lana, y de pintarla, y trenzarla, y hacer la jora y preparar chicha

Aún era una niña, y ya sabía tantas cosas que se preguntaba si luego de aprender todo quedaría algo más que aprender. Y estaba Tari, ese mocoso insolente, que la miraba de manera extraña, aunque por alguna razón le gustaba, y también le gustaba participar en sus andanzas cuando iban hacia la selva
Cuando trepaba las cumbres detrás de los guanacos y llamas, entonces ahí no lo acompañaba, hacía mucho frío allá arriba

Poema 2413

El quipu de la aldea lo tenían en la casa del curaca, pero era el abuelo de Tari el que lo cuidaba y lo entendía 
Nadie podía tocarlo, nadie siquiera podía entenderlo, solamente el abuelo y estaba enseñando este arte al papá de Tari

Así había sido desde tiempos inmemoriales, cuando bajaron los apus de las montañas y enseñaron este arte a los lugareños 
La familia de Tari era la encargada de tan importante misión, se transmitía de padre al primer hijo varón, y así lo estaba haciendo su abuelo, luego lo haría su padre, luego su hermano mayor

En el fondo Tari estaba triste por no ser primogénito, pero cuando veía a su hermano pasar días y noches enteras tratando de entender los nudos y colores, a veces, muchas veces, con lágrimas en los ojos, entonces agradecía a los apus el que lo hayan liberado de este beneficio 

Pero a veces, muchas veces, cuando no estaba su papatni su hermano en la casa, se acercaba al abuelo, y le pedía tocar las cuentas, solo por curiosidad 
El abuelo gustaba de Tari, lo consentía, lo mimaba de vez en cuando, y le dejaba incluso tocar algunos nudos

"En esta linea se cuenta la historia de los primeros pobladores, entre los cuales estaban los abuelos de los abuelos de los abuelos y así quince veces quince de mis abuelos. Llegaron persiguiendo algunos animales
Sabes? Estaban ya muy cansados, el frío y el camino largo los tenía agotados 
Hace buen tiempo que se acabaron las grandes bestias, hace muchas lunas que habían cazado quizá a la última. Era tiempo de descansar y asentarse

Y así, el abuelo le contaba historias de los cazadores, de las primeras plantas y de los cultivos, de cómo les pareció muy agradable el lugar, sobre todo porque nunca hacía frío, y de como encontraron este arroyo, y el gran río, de dónde regresaron sabiendo que esté era su lugar

Y así se pasaban tardes enteras, abuelo y nieto, perdidos en la magia de recuerdos que parecen sueños irreales, pero que te atrapan, sobre todo cuando las llamas danzan en el fogón, el olor a las papas recién cocinadas aviva el hambre, las aves nocturnas cantan y las estrellas en el firmamento empiezan a jugar

Poema 2412

Tari era uno más de los hijos de su padre, ni el mayor, ni el menor
En su calidad de varón, debería aprender las labores del campo, y a pelear con la porra y el mazo
Tenía que correr en la puna, ahí arriba donde hay cóndores y pumas
Era muy difícil, faltaba el aire, y él era de la montaña, más abajo, cerca al río grande

Le gustaba correr con los más grandes, detrás de esos animales lanudos, llamas y alpacas, y atrapar animales pequeños 
Siempre era una hazaña, trepar por todos lados y encontrar alguna presa
Eran niños pequeños jugando a ser grandes, entrenando su cuerpo y su alma

Y le gustaba ver el amanecer en las montañas, como el sol salía de su cuna
Y le gustaba sentarse a ver cómo el cielo iba cambiando de colores, y las sombras se apoderaban del valle
Y los cóndores patrullando su territorio, los apus en las montañas y las ninfas en las aguas
Y sobre todo esos ojos negros profundos de urpi en su piel clara y sus cabellos oscuros como la noche

Nunca olvidaba cuando Urpi lo miró por vez primera y se puso a reír, era una niña divertida