viernes, 19 de diciembre de 2025

Poema 2457

El bosque está vivo.
Cada madero, cada leño, cad hoja de estos milenarios árboles tiene una historia que contar.
Una avecillas que aprendió a volar, o que en su intentó cayó y fue devorada por mil insectos, los cuales agradecieron a los cielos por el festín.

Un arácnido festejando su primera cacería exitosa, engullendo al insecto que no entiende las razones de no poder moverse. Un pequeño mamífero que, paralizado por mortal veneno, es engullido mientras aún puede ver la luz del sol, o de la luna y las estrellas.

Un pez que acaba de desovar y es engullido por otro más enorme que, a su vez, es devorado por un caimán. El eterno juego de la vida y la muerte, esa danza frenética de idas y venidas, de alegrías y tristezas. El bosque sigue ahí, por milenios, incluso los humanos que ahí viven lo escuchan y han logrado la armonía con el bosque ancestral 

Tari y Shiram están sentados en silencio en la cima del majestuoso árbol, sienten el aire frío que despide la noche y dan la bienvenida al majestuoso sol que acaba de nacer...

Poema 2456

El apretón de manos fue largo, amigable. Agradecimiento, es todo lo que podía sentir en ese momento. No habían preguntas, no era necesario, solamente esa sensación de haber encontrado a alguien muy superior en todo a ti mismo y que te ha salvado la vida.

Tari no se había percatado que la serpiente había subido por el otro lado del tronco en el momento de la lluvia, y había aprovechado cada movimiento suyo para ir deslizándose hacia arriba. Luego, muy lentamente, estaba bajando, pero no entendía por qué intentaba atacarlo, solo lo supo mucho tiempo después, cuando Shiram le explicó que ese era su nido.

Shiram trepó al árbol con una agilidad tal que Tari apenas pudo seguir. Llegaron a la cima. Shiram iba cantando en voz baja, abrazaba el tronco, acariciaba las ramas, ponía su frente a las hojas. Respeto. Tari lo entendía, pero solamente trepaba en silencio, respetuoso silencio. Era claro que el bosque está vivo y se merece todo ese respeto y mucho más.

Ya en la cima, Shiram le mostró el lugar de su aldea, y la dirección de donde él, Tari, había venido. Era cierto, no le costó mucho identificar el camino en el límite de la montaña, incluso le pareció ver algunas luces, quizá pequeñas fogatas.

Luego Shiram hizo un circulo varias veces alrededor de una zona cercana a dónde estaban y sonrió muy divertido. Tari se puso rojo de vergüenza. Ese había sido su recorrido...

jueves, 18 de diciembre de 2025

Poema 2455

Era enorme.
Tari no podía dar crédito a sus ojos. Aún atado a la rama del árbol, con la vara en posición de defensa, apenas podía aceptar lo que estaba viendo. El dardo del cazador aún estaba en la mandíbula de la enorme shushupe que apenas se movía en el suelo.

El cazador se acercó lentamente, tan rápido y sin hacer ningún ruido que los insectos y otros animales de la jungla siguieron en su fiesta sin percatarse. Quitó el dardo con cuidado, y metió a la serpiente en una especie de saco. Luego miró a Tari y le ofreció una mano. Tari soltó el bastón, cortó las lianas con el Tumi, luego también lo dejó caer, y con agilidad impresionante se deslizó por el tronco principal.

Ya en el suelo, se acercó al cazador. Se sorprendió aún más al ver el rostro de su salvador: pintado con líneas oscuras, pero claramente aún un adolescente, un poco mayor que él, estrechó la mano tendida y dijo:

Tari

Shiram 

Poema 2454

La calma volvió a la selva. Los insectos y las aves nocturnas volvieron a cantar, las hadas y duendes salieron de sus escondites y nuevamente danzaban sin cesar, haciendo caer las últimas gotas de las hojas, recuerdos de una lluvia que no hace mucho gobernaba el espacio y el tiempo.

Tiempo. Tari sabía que no tenía mucho tiempo, que en el momento menos esperado esa figura al acecho se deslizaría sin hacer ningún ruido y se abalanzaría sobre él. La única ventaja que tenía era la altura, pero no su tumi ni su vara sería contrincante de una flecha o una corbatana. Trataba de controlar su respiración, sus latidos, guardar el máximo de energía. Había escuchado de los cazadores de la jungla, y sabía que sus posibilidades eran mínimas, pero daría pelea, no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.

Las horas pasaron lenta y dolorosamente. Hasta que sucedió. El cazador levantó su vara en forma imperceptible y la dirigió hacia Tari. El movimiento estaba calculado, no hizo ningún ruido, hasta que... El dardo llegó a su objetivo y un gran ruido despertó a toda la jungla con un sonido seco al golpear el suelo mojado bajo el árbol...

Poema 2453

Empezó a modular su respiración y hacerla imperceptible. Tranquilizó a su corazón, que de inicio palpitaba con violencia, hasta que se hizo lento y suave. Cerró los ojos.
En las penumbras de la noche, entre la maleza que está secando lentamente, Tari pudo percibir un sonido insignificante pero inconfundible, a pesar de que el olor que venía de esa dirección era de barro y plumas, sabía que era un cazador diestro el que lo estaba observando.

Pudo ver sus ojos, luego descubrió su silueta y sus armas. Estaba muy tranquilo, confiado, sabía de su ventaja, por lo menos eso creía. Tari esperó. Buscó por todos lados sin hacer ningún movimiento. Silencio total y absoluto. La selva estaba esperando el enfrentamiento de un cazador notable y su presa.

Está solo. Pensó Tari. Me ha visto y está al acecho. Está armado y puede salir corriendo en múltiples direcciones. Yo solo puedo ir hacia abajo. Nunca llegaría. Pero, por qué no me ataca aún?

Poema 2452

La luz de la luna espantó los espectros que vagaban entre las sombras y malezas, que acechaban y danzaban al ritmo de las gotas cantarinas que saltaban de hoja en hoja, de leño en leño, de flor en flor.
La tenue luz blanquecina dibujó las siluetas de los árboles, descubriendo, para sorpresa de Tari, algunas flores que parecían florecer en plena noche.

El suelo mojado reflejaba parcialmente la luz de luna y algunas estrellas. Le pareció incluso notar uno que otro arcoiris. Estaba soñando? Tari se frotó los ojos, aspiró el aire con violencia, movió brazos y piernas, vigilando las amarras y el tumi en la mano. Estaba despierto, solamente la imagen de la naturaleza viva en una noche de luna después de la lluvia era de fantasía.

Los olores cambiaron, aparecieron muchos sonidos, sobre todo de insectos y depredadores furtivos. Sin moverse demasiado empezó a identificar a los cazadores, y a sus presas. Era un observador de piedra, implacable, imparcial. Pudo ver a los cazadores en su majestuosidad plena, y a las presas no entendiendo su final. 

Hasta que se sintió observado. Se puso en tensión absoluta, el peligro era de un olor intenso y agridulce a la vez...

Poema 2451

Las gotas de la lluvia danzaban en su frente, se deslizaban lentamente por los cabellos, luego por el rostro, los brazos y el cuerpo, para continuar su alegre recorrido hasta el fértil suelo. Llevaban en si el aliento de l vida, la fuerza primigenia que despertaba a los espíritus del bosque y que hacían germinar las semillas y tallos, hacían que los animales todos sigan ese ciclo infinito de vida y muerte.

Agradeció la lluvia, por todo lo que ella significa. En su comarca las lluvias eran intensas, aunque para los cultivos no dependían de ellas, ya que siempre tenían agua que descendía por las laderas directo de los Apus en la cima de las montañas heladas. La lluvia siempre significaba vida, alegría. Además, en este momento tan complicado para él, la lluvia le servía de protección. Tari recordó que muy pocos cazadores continúan con su tarea bajo la lluvia, la mayoría tiende a guarecerse y esperar.

Agudizó los sentidos al extremo, tenía que vencer al cansancio y al sueño, si quería sobrevivir sin problemas. Solo se movía para no adormecer los músculos, pero esos movimientos estaban tan calculados y entrenados que eran imperceptibles y más silenciosos que una gota cayendo del borde de una hoja.

Repentinamente la lluvia cesó, las nubes se separaron y dieron paso a un océano de estrellas allá arriba, cambiaron los olores, más aún cuando apareció la luna...