domingo, 21 de diciembre de 2025

Poema 2470

El tambo estaba lleno de cosas
Parecía pequeño por fuera, una simple construcción de piedras y paja, pero por dentro se podía admirar su grandeza
Tenía una sola entrada y varias ventanas
En algunas salientes de las paredes habían muchos herramientas, en una esquina fría una gran tinaja cubierta por una especie de membrana: era la chicha
Varios cestos con charki, cancha, chuño y sobre todo hojas de coca seca

Lo que no se veía a simple vista era la entrada hacia el sistema de túneles 
Se tenía que mover una pequeña cesta y se encontraba el agujero 
Oscuro, totalmente oscuro, pero corría el aire ahí adentro, como si existiera una corriente subterránea de vientos

El chaski tomó un puñado de hojas de coca y se las entregó a Tari, lo miró en forma ceremonial y le dijo: baja.
Tari obedeció.
Al estar abajo se quedaron parados por un largo tiempo. Tari estaba sorprendido por el tamaño del lugar, podía levantar las manos y estirarlas a los costados y no tocar ni el techo ni las paredes

El chaski estaba con los ojos cerrados, en silencio. Tari hizo lo mismo sin decir palabras, absorto en sus pensamientos y emocionado por la sensación de aventura en lo desconocido 

Poema 2469

Los chaskis
Era el sistema de mensajería del imperio, rápido, puntual, sin errores
Solamente los más aptos, física y mentalmente fuertes, eran los escogidos, y Tari había sido seleccionado.
Su abuelo lo llevó al tambo de la gran ruta, y, sin mucha ceremonia, lo entregó al que se encontraba en turno

Tari estaba ansioso, moviendo frenéticamente los pies con pequeños saltos y listo para correr
No tuvo que esperar mucho, el correo llegó casi sin aviso, solo un pequeño sonido suave  de su pequeña zampoña 
El relevo empezó a trotar antes que el otro llegara,y recibió el recado mientras ambos corrían

Tari tuvo que poner mucho empeño para poder alcanzar al chaski, quien no se detuvo un solo segundo para esperarlo, solamente lo miró con gesto adusto y recriminador

Solamente corrieron, en silencio, marcando un ritmo fijo, aumentando y disminuyendo el ritmo acorde a la pendiente de la ruta, tomando agua a sorbos y mascando coca

El chaski sacó su zampoña y la hizo sonar por unos segundos, y en ese preciso momento divisaron el tambo a lo lejos. El relevo empezó a trotar en la misma dirección y se encontraron en la ruta para hacer lo mismo. Luego de entregar el recado disminuyó lentamente el ritmo y, dando vuelta hacia atrás, regresaron al tambo 

Poema 2468

Siempre habrá alguien que tenga algo para ayudarte
Nunca olvidaron esa frase, sobretodo en aquellos momentos difíciles cuando parecía que los elementos y la naturaleza no les permitirían sobrevivir 
Les sucedió en los desiertos, lugares inhóspitos con calor y sed imposibles de describir, creyeron que era el final de ambos, pero en el momento más difícil encontraban una mano mágica que los guiaba por el sendero correcto y los sacaba del problema
La gran madre

La conocían con muchos nombres diferentes en cada pueblo, en cada hogar tenían su propia variante de esta protectora de la vida y la naturaleza 
No tuvieron el tiempo necesario para adaptarse al calor y frío extremos del desierto. Y el océano infinito era un reino que no les estaba permitido, así que, se devolvieron a su montaña y sus selvas, y se dedicaron a fortalecer su cuerpo y alma en estos parajes.

Ambos crecieron, se hicieron muy fuertes y hábiles cada uno a su manera, y se despidieron con un simple apretón de manos cuando las luces de los astros les indicaron que ya era tiempo de dedicarse a la segunda etapa de su preparación: Shiram formaría parte de los guerreros y se adentrarian a las selvas vírgenes, y Tari se convertiría en chaski...

Poema 2467

A su vez Tari le mostraba el inclemente frío de la puna. Las nieves eternas cuidaban a los Apus más elevados. El terreno era hostil y abrupto, y el aire era más escaso, costaba respirar, mucho, mucho.

La juventud es intrépida, no median las consecuencias. Tomaban las cumbres más elevadas sin preocupaciones. En estos parajes los sonidos son diferentes, pero las melodías embrujan, te retan, te invitan a una nueva aventura. 

Volar en los amplios valles, sentir el viento y la lluvia, sentir el sol en la cara. Deslizarse por las quebradas, encontrando las ninfas en los manantiales, los espíritus escondidos en un cactus o una cueva apenas visible, o en esas gotas que se desprenden tercas de los tempanos y estalactitas, sin saber que son el motor de toda la vida. O quizá sí lo saben, y ese es su secreto mejor guardado.

Deslizarse entre el mar de florecillas multicolores, que brotan entre cardos y rocas, sentir una espina que defiende con valentía a su flor adorada. Y seguir silenciosos tras los dueños de la montaña, tratando de no alterar nada del perfecto balance...

Poema 2466

Aprendieron mucho uno del otro, casi como un juego de niños, de dos adolescentes que aún no han terminado de crecer y están ávidos por aprender de la vida y del universo.

Primero fue en la jungla, entre la maleza y los rios, los insectos y las flores, la humedad y los olores. Buscar en una rama, en una corteza o en el fango, cualquier lugar siempre era una oportunidad y la diferencia entre la vida y la muerte si podías encontrar algo. O si sabías siquiera lo que andabas buscando.

Los cantos de los viejos troncos, los lamentos de las cascadas y las risas de las piedrecillas, las nubes jugando entre la brisa, las gotas que protestan y se divierten. La naturaleza está viva, el alma del bosque nutre a su gemelo. Shiram es el gemelo escogido, es el que camina sin tocar las hojas del suelo, el que escucha en el silencio y el que entra y sale del agua como si fuera su casa.

Aún están en formación, pero está parte del aprendizaje les corresponde solamente a ellos, tal como lo hicieron sus abuelos en su tiempo. El evento se da saltando a una generación, es inevitable, imparable. La selva es una gran maestra, te enseña que hay alegría y tristeza en esta vida, así como está el sol y la luna, la noche y el día. Y el ciclo de la vida nadie lo detiene. Ese es el principio de todo, y también su final absoluto...

sábado, 20 de diciembre de 2025

Poema 2465

El vuelo fue largo, apacible, tranquilo.
Mi abuelo no necesitaba mucho para alzar vuelo y perderse entre la luces y sombras de la montaña. A veces caminaba entre las rocas, o se deslizaba entre las nieves y las nubes, o simplemente era la bruma en la espuma de una cascada. Apenas podía seguirle el paso.

Me contó una historia mágica, de una amistad sin igual con su amigo, el tunche de la selva, con quién pasó muchas lunas compartiendo aventuras que no alcanzaría mil días para contarlas todas. Aprendieron uno del otro, también de sus respectivos abuelos y de sus ancestros. A veces tuvieron que huir de peligros inminentes, ayudándose mutuamente.

Y, en algunas ocasiones, habían encontrado a los espíritus ancestrales que venían en su ayuda, solamente en ocasiones muy especiales.

Tari recordaba todo ésto sonriendo, pensativo, sobre todo lo siguiente:

Mi abuelo me dijo una frase que nunca podría olvidar: Siempre habrá "alguien" que te ayudará con "algo". No lo olvides nunca, estas palabras podrían ser la diferencia entre sobrevivir o morir sin más ...

Poema 2464

El puma y el cóndor dominan las montañas, los campos amplios y verdes, con aguas cristalinas, cumbres nevadas y lagos encantados...

Así retomó su relato mi abuelo cuando llegamos a la cima de la montaña. Habíamos dejado los atados de leña en la casa, tomamos un puñado de cancha y algo de charqui y salimos en silencio sin que nadie nos diga nada. 

Somos los que vigilamos el orden de la cordillera, de los grandes lagos y ríos, de los valles y las punas, llegando incluso a esos lugares áridos y secos cerca a las grandes aguas (el océano).

Pero en el monte, el lugar de los bosques y pantanos, ahí es el reino del jaguar, el caimán y la anaconda. El balance debe continuar por el bien de todos. Ahí los espíritus del bosque no pueden ser solamente de formas animales conocidas, no. El espíritu del bosque no tiene forma, y adopta la que sea necesaria para lograr su cometido.

Y la mejor forma es la que simboliza el balance del bien y el mal, o lo que nosotros conocemos con ese nombre. No hay bien absoluto, ni tampoco mal absoluto en el bosque, depende de la forma en que lo mires. Nadie puede vencer al bosque, a su poder ancestral, a su capacidad de regenerarse y destruir todo aquello que no es suyo.

Y, para garantizar esto y mucho más, uno de los habitantes de las aldeas que ahí habitan, es seleccionado como el cuidador y guardian, al que hay que temer y respetar, que tiene poderes mágicos impresionantes y que puede curar y matar al mismo tiempo, siempre sonriendo, siempre cantando con esa voz pegajosa que más parece un silbido, y que te hipnotiza y te atrapa hagas lo que hagas.

Y, ese es el tunche, mi querido Tari, aquel que tú acabas de conocer y aquel que yo, a su debido momento, conocí también...