miércoles, 17 de diciembre de 2025

Poema 2450

Otra fue la historia en el bosque. El movimiento sigiloso del puma le ayudó bastante, pero había mucha maleza, árboles de diferentes tamaños y formas, insectos a montones y alimañas peligrosas. Perderse en la jungla era muy fácil, y se perdió.

Cierto día su madre le pidió que fuera por más leña, y él decidió explorar un poco más allá del lugar habitual. Recogió la leña necesaria, la ató en varios paquetes, y la puso cerca al camino. Al regresar las llevaré a casa, pensó, aún es temprano, iré a explorar.

Se percató que estaba perdido cuando las sombras estaban cayendo y había decidido regresar. Hizo el camino de vuelta siguiendo las marcas que había dejado, pero nunca llegaba. Nunca llegó al lugar de partida, y cada sitio por el que pasaba le parecía el mismo, una y otra vez.

Decidió quedarse en la noche. Debía guarecerse en algún lugar, era peligrosa la noche en la selva, hay muchos cazadores nocturnos, y él en este momento era una presa más. 

Hizo un bastón lo bastante fuerte y largo, ató algunas cortezas e hizo algunas sogas, no muchas, y ató su tumi a una de sus muñecas. Trepó a una rama de un gran árbol, verificando que no hayan serpientes ni otros animales en su cima. Cortó las ramas mientras subía, impidiendo así el acceso de cualquiera desde tierra, y se ató la cuerda a la cintura y el otro cabo al palo más grueso.

Si se dormía no caería de inmediato, tendría tiempo de colgarse de la rama, y no perdería el tumi afilado. Pero tenía que esperar despierto el amanecer, para así tratar de volver a casa. Puso un par de hojas de coca en la boca y empezó a masticar...

Poema 2449

Esto es un gran secreto, le dijo el abuelo a su nieto. Lo aprendí, así como tú, de mi abuelo, cuando también lo encontré acá. Él me dijo que siempre sería así, un don que se transmitía de abuelos a nietos, que no tenía nada que ver con descifrar los quipus, ni cuidarlos, esa es otra historia, y que siempre era en un día como estos, cuando uno de los nietos, sin saber la razón o el motivo, vendrá a la montaña, y se quedará.

Pero me fué entregada otra labor: ser chaski y recorrer los caminos del imperio. Así que parti al trote por los campos, por los bosques y por los ríos para preparar mi cuerpo, mis pies y mi alma, porque mi corazón estaba ya preparado, yo no entendía la razón.

Ahora veo que tú estás prácticamente listo, incluso he visto que has logrado domar al puma, y que ya no es tu enemigo, es más, eres un puma sigiloso y te fué más fácil que a mi convertirte en un cóndor celestial.

Tari no se sorprendía de nada. Había aprendido a escuchar, sabía que los Apus decidían todo, y que la naturaleza es sabia, y que todos tenemos nuestro lugar en la larga cadena de hilos de colores que nos ha tocado caminar.

No fueron necesarias consignas ni juramentos, ni palabras en clave ni cosas por el estilo. Poco a poco empezó a tomar confianza en sus nuevas habilidades y pudo remontar los cielos sin compañía del abuelo, siempre teniendo vigilado al puma y a cualquier otro intruso que se pudiese acercar a su lugar.

Poema 2448

Le tomó varias sesiones poder volar sobre los ríos, montañas y lagos. Siempre se sentaba en el mismo lugar, siempre hacían lo mismo: escuchar a la naturaleza, olerla, sentirla, cerrar los ojos y dejarse llevar.

En un momento dado se miró a si mismo, y al abuelo a su lado. Y también vio un cóndor poderoso casi transparente elevarse del cuerpo del abuelo, que lo miraba, y le invitaba a elevarse con él.

Fueron arriba, muy arriba, más allá de las nubes, mucho más. Se perdieron entre las sombras y las luces, por momentos miraba hacia abajo y veía que siempre hay un río, un sendero, una cadena de montañas, diferentes colores, y diferentes historias en un mismo lugar, o lugares diferentes, todo entrelazado, todo siempre llevaba al mismo lugar: su aldea.

Entonces, también casi sin quererlo, entendió el significado de los hilos de colores y los nudos. Todo era más simple de lo que parecía, todo tenía un objetivo y un significado, solamente era necesario ver más allá, más lejos de dónde alcanza la vista del hombre, del puma o del cóndor. Ver la historia desde donde nace todo y todo termina, por lo menos hasta el día de hoy...

Poema 2447

Mira a lo lejos, le dijo, que ves?
Veo muchas montañas, similares a esta, de sus cumbres descienden aguas que van formando pequeñas quebradas y a lo largo de su camino sinuoso aparece la vegetación que va cambiando lentamente.

Tu visión ha aumentado, pero dime, qué más puedes ver?

Tari se sorprendió. No tenía respuesta a esta pregunta. No quiso responder con palabras vacías, pues quitan el tiempo. Eso le había dicho el abuelo muchas veces. Así que calló, cerró los ojos, y empezó a sentir el aire frío y todos los olores que venían con él.

Sin darse cuenta, la imagen de las montañas, quebradas y ríos fue apareciendo ante sus ojos. Al inicio era todo bastante borroso, pero poco a poco se fueron aclarando y tomando color, y le pareció incluso que podía oir los cantos de la puna, los sonidos melódicos de las gotitas que caen desde los bordes rocosos y forman un pequeño manantial. Sentía la música de la naturaleza, su vitalidad y el alma de cada cosa, y se dió cuenta, además, que podía acercarse a las imágenes, se sentían al alcance de las manos, quiso tocarlas, quiso acercarse a ellas, pero el golpe seco lo devolvió a la realidad.

Ay, aún eres un pequeño, no puedes controlarte. Le decía el abuelo mientras le ayudaba a levantarse.

Al intentar estirar los brazos hacia adelante, había perdido el equilibrio y se fue de bruces contra el suelo. No se lastimó. La pequeña saliente delante de ellos detuvo su caída. De no ser por ella hubiese rodado un gran trecho y otro sería el cantar.

Se limpió, agradeció la ayuda del abuelo, y ambos regresaron al mismo lugar...

Poema 2446

Mientras todo eso sucedía con Urpi y Chaska en la capital del imperio, muy a lo lejos, detrás de las montañas más altas, en la vertiente de los ríos que van a las selvas inmensas, Tari seguía preparándose para salir a buscarla.
Todos los días recordaba el aciago momento cuando se la llevaron, y cuando fue perseguido y lastimado por el puma. Frotaba sus brazos con violencia, sintiendo las cicatrices engrosadas que aún dolían.

Cuanta razón tuvo su padre, al sentir las cicatrices recordaba claramente ese dolor infinito que sintió aquellos días, y volvia a prometerse a si mismo que no volvería a pasar. Y así fué.

Volvía a las cumbres nevadas con frecuencia, primero huyendo del puma que se cansó de acecharlo. Luego empezó a perseguir al felino, tratando de acercarse sin que se de cuenta, tratando de imitar su andar sigiloso y su infinita paciencia.

El abuelo iba con bastante frecuencia a la cima, por alguna razón que al principio no podía entender. Solamente se sentaba a sentir el viento helado en el rostro y el sol ardiente. Tari hacia lo mismo y se entregaba a la dulce melodía de los sonidos y olores de la montaña, ya que hacían esto con los ojos cerrados, siempre en silencio.

Hasta que cierta vez el abuelo le habló de un secreto que nadie podía saber...

martes, 16 de diciembre de 2025

Poema 2445

Ya casi tenía la cabeza de Chaska en sus poderosas manos, cuando la lluvia cesó de improviso. Y salió el sol, iluminando ese lugar vacío en el bosque. Ese mismo lugar donde una vez hubo un árbol maravilloso que fue quemado para ocultar sus poderes y su magia.

Vieron algunos arcoiris, y luego un viento sopló. De dónde venía? No lo entendieron nunca, solo que levantó algunas hojas chamuscadas, y de entre ellas aparecieron muchas mariposas multicolores, que empezaron a volar sobre sus cabezas.

Ambos estaban estupefactos, mirando hacia arriba, a la fiesta de alas, luces multicolores, que se fueron dirigiendo hacia el bosque en una fila maravillosa.
Siguieron a las mariposas, no fue necesario caminar mucho. Estaban revoloteando alrededor de un gran árbol, verde y amarillo, con flores blancas, rosadas y rojas, y gotitas de agua que caían de él.

En un rato de alegría se abrazaron riendo. Luego se pusieron serios, y Chaska hizo lo que le enseñó Urpi. Abrazó el tronco del árbol, le agradeció por su nobleza y tomó una corteza no muy grande, y la partió en dos.  Entregó una de ellas al soldado, y la otra la guardó en su pequeña lliclla. Empezaron el camino de retorno en silencio, guiados por las estrellas y los suaves vientos, los arroyos y los Apus. El camino de retorno fue más rápido, más ligero, con una melodía de esperanza que embargaba sus corazones.

Al llegar encontró a la amiga despierta, entre fiebres, temblando de frío. Se abrazaron, y le dió ese brebaje mágico en silencio, compartiendo sin palabras toda esa magia del bosque que les hacía un gran favor. Ambas quedaron dormidas abrazadas, con sueños distintos pero muy parecidos, con una paz enorme y tranquilidad, sabiendo que aún no era el final de su travesía, ni mucho menos. Entre sueños Urpi pronunció una palabra casi en su susurro: Tari. 

Poema 2444

La lluvia empezó. El soldado había sacado su tumi, sabía que nada más había qué hacer. Sus ropas estaban empapadas, su mirada era triste, la duda goteaba por su frente y sus ojos estaban anegados.
Era un soldado, acostumbrado a obedecer. Debía matar a la adolescente torciendole el cuello y luego cortando su garganta y abrir su abdomen dejando sus vísceras al aire, para que los animales hagan el trabajo de desaparecerlo todo. 

Ya había masticado bastante coca, pero no quería comer el pedazo verde de cactus que tenía. Sabía que con eso sentiría menos dolor al abrirse a si mismo las entrañas luego de cortar su muñeca izquierda y dejarse morir. Eran las órdenes, y de su cumplimiento dependía la vida de su familia. Así había sido siempre, tenía que cumplir.

Se acercó lentamente a Chaska por la espalda. Ella, al sentirlo se puso de pie y se quitó la pequeña lliclla, dejando su cuello libre. La extendió en el suelo mojado, que estaba negro aún y esperó en silencio, bien derechita, sabiendo lo que estaba por venir.

Una sola idea la consolaba. Pronto encontraría a Urpi en ese otro lugar a donde van todas las doncellas, pronto se encontrarían de nuevo, y cantarían juntas, bordando, hilando, cocinando, o solamente cantando porque les gustaba cantar...