viernes, 12 de diciembre de 2025

Poema 2422

Tari estuvo en cama con fiebres por varios días y sus noches. Le dolia el cuerpo entero y la piel le ardía de una manera que quería que todo se apague de una buena vez.
Le dieron chicha especial, y por vez primera masticó coca. El dolor disminuía, pero solo eso. Hubieron sesiones con grasa de diferentes animales y otros ungüentos y brebajes que incluso le hicieron vomitar.

Se curó. Su cuerpo tardó unas semanas más en reponerse, pero las heridas le dejaron cicatrices imborrables que le harían recordar toda la vida su imprudencia.

Le tomó algunos meses volver a ser el de antes, aunque se dió un estirón impresionante. Quizá fue la fiebre, o los brebajes, o el haber estado en cama tanto tiempo, o todo junto a la vez; lo que importa es que se hizo más alto que el resto de congéneres. Y su cuerpo volvió a ser vigoroso, y empezó a ejercitarlo, y sus pies se hicieron más ágiles y fuertes que antes.

Casi sin darse cuenta ya estaba de nuevo trotando por la montaña, compitiendo con los perros por atrapar a las llamas y guanacos, y también estaba corriendo hacia el río grande, iba y venía trayendo sobre los hombros bultos un poco mayores a los que llevaban sus congéneres. Se hizo muy útil en todas las labores, su papá y sus tíos le enseñaban las técnicas básicas del combate con la macana y la porra.

Su abuelo le seguía contando historias, mostrándole los nudos de los quipos, que para él eran un verdadero enigma. Y siempre lo miraba sonriente, sabedor de que su nieto se preparaba para algo grande.

Lo intuía, lo sabía, lo esperaba... 

Poema 2421

Al inicio de la travesía, que duró varias lunas, Urpi no se percató del camino, pues solamente tenía cabeza para pensar en su casa, sus hermanos, su mamá y por alguna razón en ese mocoso insolente del cual se resistía a recordar su nombre: Tari
Quién se llamaba así?! No recordaba a nadie en su familia ni en ningún otro lugar con ese nombre tan tonto y más adecuado para una niña.

Luego, se tapaba la cara con sus mantas y se escondía de las estrellas para que nadie descubra estos pensamientos. En su cabeza los dioses de las selvas y las montañas eran tan poderosos que podían poner sus ojos y orejas en las estrellas y espiar a todos los seres de la tierra.

Cerraba los ojos, con la esperanza de que así nadie la vería. A su lado una niña pequeña gemía y sollozaba ahogando su voz. Nadie quería ser escuchada, pero está pequeña parecía una bebé, demasiado frágil y más delgada que todas las demás. A su lado, Urpi se sentía una adulta, porque le llevaba casi una cabeza de altura, y además sabía que, de ser necesario, podría cargarla. Aunque no fue necesario, ella tenía una fortaleza espiritual que compensaba todo. Es cierto, lloraba en silencio, gemía, pero cuando estaba ante otras personas nunca nadie notaría su tristeza.

Chaska, así se llamaba, y llegó a ser la mejor amiga de Urpi.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Poema 2420

Esa misma tarde en la que Urpi se fué con la caravana, Tari trepó a toda carrera hasta la cumbre de la montaña, para divisar cómo se movía la columna humana y pudo ver el lugar donde prendieron fogatas, armaron tiendas y se pusieron a acampar 

Pasarán la noche ahí

Regresó a su casa en silencio, ya no tan rápido, estaba hambriento y con frío 
Mañana traeré cancha y una papa, también una manta para abrigarme y quedarme más tiempo 

Llegó a la casa, nadie se había percatado de su ausencia, todos estaban ocupados en sus quehaceres, había tanto que arreglar después de que la caravana de las vírgenes pasó, y Tari no era el mayor ni el último, así que, todos pensaron que andaría jugando por algún lugar 

Se levantó al alba, corrió cargando su cargamento hasta la cima nevada pero, al llegar, ya no había nada de ese campamento de la caravana, solo la ruta empedrada que tenía un tambo a lo lejos, y le pareció ver a un chasqui desaparecer en sentido contrario

Hay noticias, pensó para sí 

Pero estaba tan absorto en sus pensamientos y en sus ideas que no se dió cuenta del peligro que lo acechaba. El puma saltó sobre él con precisión felina, y de no haber sido por la habilidad de Tari que extendió la manta sobre el rostro del atacante, otro habría sido el final

Corrió por su vida, sintiendo la amenaza en la nuca, esquivó varios zarpazos, hasta que uno lo tumbó por los suelos, y le hizo rodar
Aprovechó el impulso y se dejó caer lo más rápido posible, sintiendo su piel ardiendo y esa sensación de estar perdido de una presa que ha caído en una trampa

Pero el puma se quedó atrás, ya que estaba en los campos de pastoreo y los perros empezaron a ladrar. Agradeció a los apus por los perros, que lo siguieron hasta su casa, cubierto de tierra, sangre y sudor, con algunas lágrimas en los ojos

Su papá estaba en casa, el abuelo también. Fué este último quien hablo: disciplina. Es todo lo que dijo

Su papá lo tomó de una mano, y lo llevó hasta la quebrada de agua helada. Desvistete. Ordenó 
Y lo sumergió en esas aguas frías y cristalinas, y le pasó una especie de masa verdosa en las heridas que le hacían ver las estrellas de dolor
Pero no lloró 

Cuando estés solo, estas cicatrices te deben hacer recordar que no hay nadie para ayudarte! No lo olvides nunca! Nunca!

Y lo empezó a azotar

Poema 2419

La caravana iba escoltada por un grupo de guerreros que no se atrevían a acercarse a ella. Urpi ya sabía de todos esos detalles, sus mamás le contaron todo, así que no tenía ningún temor
Solamente quería servir de ejemplo y orgullo para su comarca, no se permitía a sí misma llorar ni estar triste, ni siquiera cuando por la noche la caravana levantaba un pequeño campamento y todos debían dormir 

Escuchó a varias niñas gemir, casi como un suspiro, con unas vocecitas lastimeras que eran tragadas por la danza de las lenguas de fuego consumiendo la leña, uno que otro insecto nocturno o un ave de mal agüero que nunca falta

Los soldados hacían varios campamentos rodeando al grupo mayor, y preparaban alimentos, y traían chicha del tambo más cercano, y todo eso compartían con las niñas y niños que iban en esta marcha que se repetía año tras año. También habian niños, pero ellos eran seleccionados para otro fin.
No sé mezclaban con los demás, no hablaban y nadie los podía ver

Urpi llevaba la madera en la mano, no la soltó por un solo minuto, era su tesoro más preciado. Muchacho tonto, solía pensar, y en silencio lo recriminaba, casi hace que los castiguen a ambos, y tuvo que tomar este trozo de madera sin aparente valor. Pero, conforme pasaban los días se dió cuenta que este pequeño trozo vegetal era muy especial, pues con solo mirarlo le hacía recordar su comarca, su casa, su mamá, sus juegos, y sobre todo a ese mocoso insolente que la miraba siempre se extraña manera
Te buscaré, te buscaré 

No era necesario buscar! Sabía dónde estaba y dónde estaría! Lo que no era posible es llegar hasta allá, ella va a un lugar donde nadie de su comarca jamás podría llegar

Te buscaré 
Niño tonto. Niño tonto...

Poema 2418

Miró la piedrecilla en sus manos, era redonda y de varios colores, predominaba el verde, es cierto
Pero la visión lo atrapaba y no le dejaba salir, solo miraba y en su memoria estaban las palabras de Urpi: está bien, está bien, está bien

Con el tiempo se castigaría por no haber dicho más palabras, por no haberla tocado siquiera, aunque eso hubiese significado un castigo atroz
Las vírgenes seleccionadas son intocables, y desde el momento en que Urpi salió de su casa ya era una de la elegidas

Qué haría con esa piedrecilla? La conservaré a toda costa, fue su decisión impetuosa y firme. Miró a todos lados, nada le pertenecía, incluso la ropa que llevaba encima podría pasar a otro, y así era cuando crecía 

Solamente su taparrabos era personal, y se iba agrandando de acuerdo a la edad. Se alegró de haber diseñado un pequeño bolso secreto en una de los costados, en alguna tarde de aquellas cuando, por andar de travieso, se rasgó y tuvo que repararlo. Era el lugar más seguro, y ahí lo puso

Te buscaré, Urpi, te buscaré 

Se volvía a repetir en silencio, y las montañas heladas, y los cóndores en los cielos, y los arroyos cantarines, los pumas y las ninfas, hasta los apus y las estrellas repetían la voz melodiosa que para él era música y religión 

Está bien, está bien

Poema 2417

Llegó corriendo, casi volando. Los pies iban ensangrentados, lastimados por el esfuerzo. No se había fijado en dónde ponía los pies, si en el camino, o en la acequia, o entre piedras o espinas. Nada le importaba, solo tenía que llegar a despedirse de aquella niña de la mirada traviesa, profunda y enigmática, su alma gemela

No te vayas aún Urpi. No te vayas. Tengo que decirte algo muy importante 

Casi lloraba cuando vió a la comitiva entrando a la comarca, y él estaba aún lejos. Su corazón dió un vuelco en su pecho al ver la imagen de la niña ataviada de manera exquisita, estaba más linda que nunca

Qué tonterías piensas! Se regañó a sí mismo en silencio 

Sus pies adquirieron alas y casi sin darse cuenta había cruzado toda la comarca y estuvo a punto de derribar a varias personas antes de plantarse frente a la niña y casi sin poder respirar le dijo

Urpi. Te vas...

Si, contestó ella, mirándolo fijamente

Estiró la mano para tocarla, sin darse cuenta que tenía en ella la madera negra que había recogido en la montaña
La niña lo recibió, y le puso en su mano la piedra que tenía a su vez en esa misma mano

Adiós Tari 

Te buscaré... Dijo balbuceando mientras Urpi se dirigía en forma solemne al lugar donde la estaban esperando 

Está bien
Es todo lo que le dijo y se fué

Tari quedó plantado como una piedra en ese mismo lugar. Todas las demás personas se dedicaron a la ceremonia de entrega y a despedir a la caravana 

Solamente el abuelo de Tari se quedó pensativo, mirando a su nieto. Es muy resistente para correr, y tiene bastante autocontrol este muchacho. Me parece que eso podría servirle más adelante 

Poema 2416

Esa mañana Urpi se levantó más temprano que nunca, la ansiedad no la había dejado dormir bien
Habían llegado muchas personas de diferentes lugares, y ya se veía llegar a la comitiva especial que, lentamente, bajaba desde el cerro con dirección a su comarca
Su mamá la lavó con cuidado, la peinó y le hizo trenzas bien atadas para que su cabellera negra y larga no se ensuciara en el camino
Le preparó una manta con algunas cosas que había traído ella misma cuando fue traída de su comunidad y cuando, en alguna ocasión, vinieron sus padres a verla, le trajeron

Dentro de todo lo que le enviaba, hierbas, hilos, agujas y tantas cosas importantes, habían algunas piedritas de diferentes colores, no más grandes que su pulgar, pero de una belleza y atractivo imposible de no notar

Guardó todo en su manta, menos una de las piedras que le pareció la más hermosa, la diferente, la rara

Tari

Le hizo recordar al mocoso ese que la miraba de esa manera tan extraña, que era muy parecido a todos pero tan diferente, tan extraño y le hacía reír y sonreír a veces con sonseras 

Dónde estará? Empezaron a salir por la puerta de la casa, ya empezaba la ceremonia. Se despidió de todos, abrazos, besos, cantos
El jefe de la caravana era muy ceremonial, imponente en su vestimenta, y había otras niñas con él, asustadas, pero serias, no había llanto, no había quejas, solo silencio y obediencia 

Empezó a avanzar en silencio, con la frente en alto, sin mirar ya a nadie
Ese mocoso no había venido a despedirse